Canarias necesita urgentemente construir su propia “Arca de Noé” y no me canso de repetir que, para ello, es necesario, en primer lugar, que todos los partidos políticos se pongan de acuerdo. Todas las fuerzas políticas deberían sentarse y marcar una hoja de ruta, asumirla y comprometerse en firme a cumplirla, independientemente del gobierno que pueda surgir tras las próximas elecciones del 20 noviembre.
La situación de Canarias ha llegado a unos límites en los que, aun siendo posible empeorar, es evidente que no vamos a mejorar si dejamos pasar las semanas, los meses y esperamos que los acontecimientos venideros, o la inercia, arreglen esta situación, o lo que es peor, si creemos que van a venir de fuera a entender y solucionar nuestra situación, o que el gobierno que salga elegido podrá cambiar la situación por sí solo. Sin un consenso político y social no será posible. Es necesario hacer un gran esfuerzo y apoyar las decisiones y políticas controvertidas que los futuros gobernantes tendrán que ejecutar de inmediato, anteponiendo ese gran pacto político a sus propias siglas e intereses partidistas, por el bien de nuestra sociedad.
Canarias necesita consensuar una unidad económica regional. Es la única forma de depender lo menos posible de las decisiones y coyunturas en la que, históricamente, nuestra Comunidad no ha podido ni ha sabido influir. Solo hay que hacer un repaso a las grandes crisis que ha sufrido Canarias, para darse cuenta de la necesidad que tenemos de autogestionar nuestras propias limitaciones. La primera gran crisis que asoló a las Canarias, abarcó desde los años 1820 hasta 1850 y, fundamentalmente, fue consecuencia del fin de la política proteccionista del Estado Español, que dejó de favorecer los servicios marítimos y el sector agroexportador de Canarias. Por lo tanto la crisis fue provocada porque el Gobierno Español decidió, con una política nacional y no diferenciada para un territorio con tantas especificidades como las Canarias , incrementar los aranceles y proteger la marina nacional. El resultado fue inmediato: las flotas extranjeras que atracaban en nuestros puertos se vieron obligadas a dejar el mercado canario. Esta situación se suavizó con la entrada en vigor del Decreto de Puertos Francos, de 1852, que nos reconocía un hecho diferencial con respecto al resto del territorio español. En aquella época, los Puertos Francos resucitaron la economía de las Islas.
La Primera Guerra Mundial y la depresión de 1929 provocaron grandes vaivenes en nuestra economía, pero la segunda gran crisis de Canarias se produjo entre los años 1936 y 1959 y no tanto por la guerra civil y sus posteriores consecuencias, sino por la decisión unilateral, nuevamente por parte del gobierno central, de eliminar el mercado librecambista isleño y provocar así la subordinación de la política económica de Canarias a la economía de la autarquía franquista. Si nos centramos en estas dos grandes crisis (dejando para otro momento las crisis de los 70 y, posteriormente, la crisis de los 90) podemos concluir que las dos grandes crisis que ha sufrido Canarias se han acentuado por el no reconocimiento, del gobierno central, de las peculiaridades propias de una región ultraperiférica. Por lo tanto, el primer paso que habría que dar para poder comenzar a construir nuestra Arca de Noé es analizar cuál debe ser nuestra unidad económica regional o modelo productivo y, una vez alcanzado ese acuerdo, garantizarlo con un Régimen Económico y Fiscal de Canarias que no se pueda considerar una ayuda de Estado y, esté, por tanto, en constante revisión. Es imprescindible que esa especificidad esté recogida en la Constitución Española, como signo de nuestra diferenciación del resto del territorio español.
Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

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