miércoles, 18 de abril de 2012

Primero unión fiscal, después bonos europeos


En medio de las tensiones que se viven en la eurozona, ha quedado muy claro que el sistema empleado para el control de las políticas económicas de los países miembros ha fallado. La dialéctica de vigilancia, las recomendaciones y las posibles sanciones no han sido suficientes para controlar  las políticas económicas y fiscales de cada uno de los Estados  de la zona euro.
Actualmente existe una política en Europa lo suficientemente fuerte como para impedir que un país entre o salga de la Unión Europea cuando quiera, sin embargo es demasiado débil para controlar las actuaciones económicas que cada país puede realizar poniendo en peligro la estabilidad de los demás.
Ya no son objeto de preocupaciones únicamente Grecia, Irlanda o Portugal. Ahora también se encuentran en el ojo del huracán España e Italia. Se ha escrito largo y tendido sobre las consecuencias que tendría para Europa y la economía mundial que estas dos naciones terminen siendo rescatadas.  Y una de las conclusiones más extendidas es que,  si esto llegara a suceder, la propia Unión Europea tendría más opciones de desaparecer que de poder asumir ambos rescates.
No quedan muchos más caminos que escoger y quizás se está esperando demasiado para andarlo. Ha llegado el momento de una unión fiscal europea. Si se está de acuerdo en que los Estados de la eurozona podrían aceptar una pérdida parcial de su soberanía en política fiscal, se tendría que crear un nuevo órgano independiente que represente a Europa. Estaríamos ante un “ente comunitario” que sea capaz de dejar sin efecto las políticas nacionales cuando entren en conflicto con los intereses generales de la zona euro. Sería algo similar a una “Secretaría Económica permanente de la Unión Europea”. Es evidente que las reglas del juego tendrían que estar bien definidas desde el principio y que se debería tener claro qué actuaciones pueden influir o no en posibles desequilibrios macroeconómicos de la eurozona para considerarlos fuera o dentro del ámbito de actuación de cada Nación. A nadie se le escapa que, con esta posibilidad, la soberanía de los estados miembros queda mermada y en suspenso hasta que dicho  “ente” determine el nivel de implicación que va a tener cada decisión nacional.
 En mi opinión, primero tendrá que haber una unión fiscal y con ella se podrá reestructurar ordenadamente la deuda periférica. La mejor opción es comenzar a sustituir bonos nacionales por bonos europeos. Alemania ha estado en contra de esta opción en todo momento, ya que  consideraba que los errores en la política económica de un estado de la eurozona provocaban que los contribuyentes del resto de los estados miembros tuvieran que pagar sus deudas. Sin embargo, las circunstancias han cambiado y los países más afectados por esta crisis ya han iniciado un profundo y necesario proceso de reformas estructurales y por ello Europa está más preparada para aceptar una unión fiscal y también sus eurobonos. Con ellos se hablaría de una única prima de riesgo, la europea, y el tipo de interés que se pagaría sería también uniforme en toda la zona euro.
Las decisiones que se esperan de las autoridades europeas son económicas, principalmente, pero llevan implícita una solución política. Europa debe lanzar un mensaje inequívoco, que permita inyectar confianza en los mercados, dirigiéndose hacia la unión fiscal que permita comenzar con los eurobonos y terminar convertida en los “Estados Unidos de Europa”.

martes, 17 de abril de 2012

La energía y el modelo económico

Las oscilaciones del precio del barril de petróleo han llegado a ser tan abrumadoras a la alza y a la baja que es ya hora que los gobiernos de los países importadoras de petróleo tomen las medidas oportunas para depender menos del crudo. Sería interesante abrir un espacio de reflexión sobre posibles coordenadas temporales y medidas a adoptar para poder mitigar los efectos en la economía y nuestra forma de vida de dichas importaciones.
Si nos centramos en el actual panorama energético de España, existe una importante tensión en el sector, es cierto que ya estaba latente y que la crisis económica los ha avivado. Nos referimos, en concreto, al déficit tarifario y al ajuste en la retribución de las energías fotovoltaicas. La crisis ha golpeado y golpea con tanta fuerza que todos compartimos que nada va a ser como era cuando se estabilice la situación. Las estructuras económicas y sociales deben cambiar radicalmente en las próximas décadas. Las economías del futuro tendrán que estar basadas en el desarrollo del potencial de los recursos y capacidades propias y todo ello ajustando el consumo de lo que somos y  tenemos.
La política energética tiene que convertirse en una consecuencia de un modelo económico determinado. España no puede seguir importando el 80% de los recursos energéticos primarios principalmente de combustibles fósiles generando un déficit energético que supera al 3% del PIB de este país. Es necesario y urgente un nuevo planteamiento en la política energética, que compagine, por un lado, una estrategia de innovación, de ahorro y eficiencia energética (tanto  en el sector residencial como en el sector del transporte) y, por otro lado, cambiar los comportamientos sociales e individuales de los ciudadanos.
La Unión Europea plantea tres ejes principales que se deben seguir en las políticas energéticas de cada país: la Sostenibilidad, la Seguridad de Abastecimiento y la Competitividad marcándose como meta el año 2020 para alcanzar una independencia energética de dos tercios de la demanda de la electricidad.
Las energías renovables, la acumulación de la energía y la eficiencia energética son la oportunidad de desarrollo tecnológico más importante en este contexto. La Administración tiene la obligación de impulsar la cooperación entre las empresas y los centros de investigación tecnológicos, con recursos económicos y con medidas que favorezcan la integración y la coordinación de las universidades y de los centros tecnológicos que trabajan con la energía.
Hay que tener claro los criterios económicos y sociales que deseamos para el futuro, con ello definir la demanda que existirá, la eficiencia energética, el grado de independencia energética y sus efectos económicos. Las energías renovables y la nuclear son las únicas opciones actuales en España. Seguir dependiendo del precio del crudo o del cambio dólar euro, indefinidamente, no es el camino.
El futuro de la sociedad del bienestar dependerá del uso que le demos a los recursos energéticos que seamos capaces de generar dentro de nuestras fronteras.

martes, 10 de abril de 2012

Nuestras incomprendidas Islas Canarias


Canarias necesita urgentemente construir su propia “Arca de Noé” y para ello es necesario que todos los partidos políticos se pongan de acuerdo,  independientemente de que se encuentren en el gobierno o en la oposición. 
La situación de Canarias ha llegado a unos límites en los que, aun siendo posible empeorar, es evidente que no vamos a mejorar sin un consenso político y social. Es necesario hacer un gran esfuerzo y apoyar las decisiones y políticas controvertidas  que los gobernantes tendrán que ejecutar de inmediato, anteponiendo ese gran pacto político a sus propias siglas e intereses partidistas. Me resisto a creer que esto es una utopía. 
Canarias debe consensuar una unidad económica regional. Es la única forma de depender lo menos posible de las decisiones y coyunturas en la que, históricamente, nuestra Comunidad  no ha podido ni ha sabido influir. Solo hay que hacer un repaso a las grandes crisis que ha sufrido Canarias para darse cuenta de la necesidad que tenemos de autogestionar nuestras propias limitaciones. La primera gran crisis que asoló a las Canarias abarcó desde los años 1820 hasta 1850 y, fundamentalmente, fue consecuencia del fin de la política proteccionista del Estado Español, que dejó de favorecer los servicios marítimos y el sector agroexportador de Canarias.  Por lo tanto la crisis fue provocada porque el Gobierno Español decidió, con una política nacional y no diferenciada para un territorio con tantas especificidades como las Canarias, incrementar los aranceles y proteger la marina nacional. El resultado fue inmediato: las flotas extranjeras que atracaban en nuestros puertos se vieron obligadas a dejar  el mercado canario. Esta situación se suavizó con la entrada en vigor del Decreto de Puertos Francos, de 1852, que nos reconocía un hecho diferencial con respecto al resto del territorio español. En aquella época, los Puertos Francos resucitaron la economía de las Islas. 
La Primera Guerra Mundial y la depresión de 1929 provocaron grandes vaivenes en nuestra economía, pero la segunda gran crisis de Canarias se produjo entre los años 1936 y 1959 y no tanto por la guerra civil y sus posteriores consecuencias, sino por la decisión unilateral, nuevamente por parte del gobierno central, de eliminar el mercado librecambista isleño y provocar así la subordinación de la política económica de Canarias a la economía de la autarquía franquista. Si nos centramos en estas dos grandes crisis (dejando para otro momento las crisis de los 70 y, posteriormente, la crisis de los 90) podemos concluir que las dos grandes crisis que ha sufrido Canarias se han acentuado por el no reconocimiento, del gobierno central, de las peculiaridades propias de una región ultraperiférica.
Por lo tanto, el primer paso que habría que dar para poder comenzar a construir nuestra Arca de Noé es analizar cuál debe ser nuestra unidad económica regional o modelo productivo y, una vez alcanzado ese acuerdo, garantizarlo con un Régimen Económico y Fiscal de Canarias que no se pueda considerar una ayuda de Estado y, esté, por tanto, en constante revisión. Es imprescindible que esa especificidad esté recogida en la Constitución Española, como signo de nuestra diferenciación del resto del territorio español.
Actualmente el Estado central, de momento, tampoco ha diferenciado entre  el sistema eléctrico insular  y el peninsular  y nos encontramos con legislaciones en energías renovables que no tienen en cuenta las especificidades de nuestro archipiélago, con algo tan sencillo, por ejemplo, como la mayor exposición solar. El marco regulatorio se ha diseñado, una vez más, para unas condiciones continentales donde las energías renovables son más caras que las tradicionales mientras que en Canarias ocurre todo lo contrario. En los próximos artículos me centraré en estas grandes diferencias.
Habrá que confiar en que el nuevo Ministro canario José Manuel Soria, conocedor de estas diferencias, sea capaz de convencer al resto del Gobierno español que Canarias debe y tiene que tener un marco regulatorio diferenciado en cuanto a las energías se refiere.
Es evidente que el modelo productivo actual de nuestras islas no es suficiente y que en épocas de crisis nos vemos más afectados que otras regiones. Todos estaremos de acuerdo en que, es deseable, si no cambiarlo radicalmente, al menos complementarlo. La posibilidad de la existencia de petróleo  cerca de nuestras costas puede ser uno de los pilares que pueden modificarlo. Habrá que sacar el máximo provecho para nuestras islas si finalmente se confirma, y sólo se puede y se debe conseguir desde el diálogo.