martes, 20 de marzo de 2012

En el ojo del huracán

No hay nada menos oportuno, en estos momentos, que pensar que lo peor ya ha pasado y creer que los mercados ya empiezan a ver la luz al final del túnel en la mal llamada crisis de la deuda soberana en la eurozona. Es cierto que se han llegado a acuerdos importantísimos y necesarios, que permiten ganar tiempo, pero la situación en Grecia es igualmente mala, como también lo es la de Portugal y ahora en el ojo del huracán está el sistema financiero europeo y tocando de lleno el español.
Hay países como Bélgica, Alemania y Francia, que tienen más deuda pública que España. Sin embargo, durante la última década, el endeudamiento del sector privado español fue el que más creció entre los países desarrollados, encontrándose ahora muy por encima del promedio europeo. Los recursos financieros que las familias y las empresas demandaban para invertir y consumir fueron asumidos por el ahorro nacional en un tercio y el resto por prestamistas extranjeros. Esto provoca que el ataque a la deuda soberana de nuestro país, no se deba exclusivamente al tamaño de la misma, sino a lo que se percibe en el exterior sobre la capacidad de pago del Estado, las empresas y las familias en relación a toda su deuda exterior, no exclusivamente a la deuda soberana. Por lo tanto, en nuestro caso, no deberíamos hablar de “crisis de la deuda soberana”, sino de “crisis de la deuda privada”.
La dependencia de España de los inversores extranjeros provoca que sean estos los que dirijan las políticas económicas de nuestro Estado, juzgando si las decisiones que se toman son o no acertadas. De momento, nuestro Gobierno ha sido capaz de templar esta presión de los mercados. El siguiente reto, y el más importante, es hacer crecer la demanda interna, la productividad, la competitividad y las exportaciones, como única forma de crecimiento. Al mismo tiempo es necesario refinanciar la deuda que vence en los próximos doce meses. Es cierto que para conseguir dichos objetivos la presión se ejerce sobre las llamadas “reformas estructurales”. Y por ello los ciudadanos detectan la amenaza de recortes de derechos laborales, sociales y un latente peligro de regresión en sus condiciones de vida. No se trata de hacer milagros, se trata de ser realistas. Dichas reformas están provocando que se vuelva a tener confianza en España. Pero en paralelo, será necesario buscar soluciones al endeudamiento privado, que es el principal problema de nuestra economía y que impide la recuperación de la demanda interna y la reactivación de la inversión privada. Una de las posibles soluciones pasa por refinanciar la deuda privada, tal y como se hará con la pública, pero con el ahorro nacional. El Estado podría convertir esa deuda privada en pública y canalizar el ahorro privado nacional con deducciones fiscales a los prestamistas nacionales. Estos deben tener un aliciente para invertir.
Se debería, en mi opinión, comenzar a solucionar el problema de la deuda privada y posteriormente asumir la pública. Ambas a la vez, como se pretende hacer, ralentizarán el proceso.
Con estas medida el nivel de deuda se mantendría, pero se disminuiría, poco a poco, la dependencia de los mercados y sus ataques.

miércoles, 7 de marzo de 2012

El principio del fin de Putin

A pesar de que Vladimir Putin ha ganado las elecciones presidenciales de Rusia, el principio del fin de Putin ha comenzado. Parece inevitable que, en los próximos seis años, el país quede en las mismas manos. Sin embargo, Rusia está pidiendo un cambio. Independientemente de que haya existido o no un fraude generalizado en las elecciones del domingo, las movilizaciones del pueblo no han pasado desapercibidas para el resto del mundo.
La popularidad de Putin ha ido en declive. Tanto en San Petersburgo, donde se inició en la política, como en Moscú, ha perdido más del 50% de sus apoyos. En el campo, donde aún mantiene su fuerza, se palpa inevitablemente, una desilusión progresiva. Hay quienes se atreven, incluso, a opinar que quizás Putin no se mantenga en el poder los próximos seis años y que lo lógico es que se busque un sucesor dentro del grupo de gobierno para que se produzca una sustitución de forma ordenada.
Si se analiza el motivo de este descontento, nos sorprenderíamos al comprobar que no se trata de un tema exclusivamente económico. Los rusos viven hoy mucho mejor que hace 12 años, cuando Putin llegó a la Presidencia. La nueva situación que se plantea con la crisis política y de liderazgo personal del presidente puede hacer temblar el sistema de clases sociales actual.
La clase obrera rusa se ha vuelto, en estos doce años, más dependiente del Estado tanto para conseguir trabajo como para los subsidios, por lo tanto, hasta ahora, se han sentido menos propensos a luchar en la calle por sus intereses contra quien les da de comer. Por otro lado, las élites oligarcas, formadas por los servicios de seguridad y los burócratas de alto nivel, que en definitiva son los que dirigen el país a falta de verdaderas instituciones democráticas, se han sentido cómodas gracias al apoyo de la clase obrera que representan el mayor número de la población.
Sin embargo, la clase media ha visto como las perspectivas de crecimiento que, hoy por hoy, tiene su país han decrecido y se sienten con fuerzas, cada vez mayores, para enfrentarse a la lacra de la corrupción y el clientelismo oficial, saliendo a la calle y manifestándose como lo han hecho en esta semana.
Es muy posible que la clase obrera comience a entender que la clase media tiene serios motivos para manifestarse y si termina apoyándola el conflicto estará servido.
Putin tiene opciones de acabar este mandato haciendo un esfuerzo por limitar la corrupción a casos excepcionales y llevar reformas que conduzcan a estimular la inversión en su país. Cuenta con 6 años para modernizar Rusia y garantizar elecciones presidenciales en el 2018 totalmente libres de sospechas. Con ello conseguiría que la era de Putin termine con una transición tranquila hacia la democracia, pero no lo tiene fácil, los intereses creados alrededor del Kremlin pueden provocar su propia caída.sos unidos de Europa.