martes, 28 de febrero de 2012

Mi columna en el expansión: Grecia necesitará un tercer rescate



Grecia, además de vivir en un profundo caos, se enfrenta a las elecciones generales previstas para abril de este año. A nadie se le escapa que existe una fuerte oposición interna, en el país heleno, a las medidas que se están viendo obligados a aprobar para evitar la quiebra del sistema y con ello la salida del euro. Los diferentes partidos plantean soluciones distintas para solventar la crisis a medio y a largo plazo, pero no todas estas soluciones pasan por mantenerse dentro del euro. Según las encuestas una mayoría importante respalda la idea de mantenerse dentro de la eurozona, pero los sondeos son sondeos y de aquí a abril aún queda mucho tiempo por delante. No hay que olvidar que, cada día que pasa, los dos partidos mayoritarios que apoyan el mantenerse dentro de la unión monetaria van perdiendo popularidad.
Los esfuerzos de Europa, que hasta ahora se han ido ejecutando en los dos últimos rescates a Grecia, podrían no servir de mucho si en dichas elecciones el nuevo gobierno que salga elegido no se siente comprometido con los acuerdos alcanzados hasta ahora. Por ello, el eurogrupo ha solicitado un compromiso real de todos los partidos políticos para intentar evitar que esto ocurra salga quien salga elegido. Pero los países son soberanos y pueden, a pesar de los acuerdos alcanzados con anterioridad, cambiar de opinión bajo la justificación de encontrarse en una situación excepcional que requiere medidas excepcionales.
Lo realmente preocupante es que incluso en el mejor de los casos, en el que Grecia, realmente, consiga mantenerse dentro del euro, sea capaz de mejorar su competitividad tras las reformas estructurales (a las que se ha comprometido y, con toda seguridad, alguna más) y finalmente consiga crecer un 1% en el 2013, el resultado más óptimo lograría situar a Grecia con un déficit del 120% del PIB en el 2020, según los informes del Fondo Monetario Internacional. Y con estos números, el problema heleno  no estaría resuelto. Todo lo contrario, es muy probable que fuese necesario, al menos, un tercer rescate a corto plazo.
Si a lo dicho hasta aquí añadimos que el segundo rescate de Grecia aún tiene que ser aprobado por los parlamentos de países, donde se ha discutido mucho la conveniencia o no de ejecutarlo,  como es el caso de Finlandia y Holanda (Alemania lo ha aprobado recientemente). Uno se puede preguntar el por qué se están haciendo tantos esfuerzos para evitar que Grecia quiebre. Incluso a sabiendas que puede no ser el último, que pueden fallar las expectativas de crecimiento del país, o que sea Grecia quien decida salir de la eurozona de forma unilateral. Solo hay una respuesta posible y es que no existe certeza de las consecuencias que puede acarrear para el resto de países de Europa y fuera de ella. No hay cortafuegos que asegure que no se traspasará el problema al resto de economías debilitadas y de ahí el efecto podría ser multiplicador afectando a otras economías más sanas. Por lo tanto, existe cierta tendencia a pensar que si Grecia quiebra podría afectar negativamente, más pronto que tarde, al resto de economías mundiales. Aunque no tiene por qué ser obligatoriamente así, la duda ha hecho que Europa haya optado por rescatar a Grecia.
Lo que sí es evidente es que con estas medidas se gana tiempo. Y este tiempo sí que merecería todo el esfuerzo pasado y futuro si se utiliza en varios frentes a la vez. En primer lugar, para fortalecer al resto de los Estados de la eurozona debilitados con medidas y objetivos realistas que se ajusten a las posibilidades de cumplimiento de cada país. Y en segundo lugar la Unión Europea debe ejecutar reformas estructurales en su propio funcionamiento. Europa debe pasar al siguiente nivel, convirtiéndose en una verdadera Unión Económica, Fiscal y Política. Para ello la creación de los Eurobonos no puede demorarse más. Hay que reestructurar ordenadamente la deuda soberana y la mejor opción es comenzar a sustituir bonos nacionales por bonos europeos con tipos de interés bajos en toda la eurozona. De esta forma estaremos comenzando a recorrer el camino hacia una Unión Fiscal y posteriormente a la creación de los Estados Unidos de Europa. 

miércoles, 22 de febrero de 2012

Europa tiembla

El poco optimismo que había está desapareciendo. Las caídas del euro y las oscilaciones drásticas de la bolsa han provocado que el estado de ánimo se haya ido apagando. En cuestión de días u horas, los mercados y los estados se verán afectados por temas ajenos a sus economías.
Da la impresión de que el país heleno ya no puede absorber ni una reforma más. También es posible que hayan decidido, conscientemente, esperar hasta el límite de tiempo que se había establecido para aprobar las reformas con las que ya se había comprometido con el resto de la Unión Europea (UE), manteniendo así la esperanza de que, al poner a Europa entre la espada y la pared, en el último minuto, pudieran conseguir quitas mayores y evitar aumentar el sufrimiento a su población. Si llegado el momento del segundo pago del rescate a Grecia, para evitar la quiebra del país, aún no se hubieran ejecutado las reformas pertinentes, la Eurozona se vería en la necesidad de dar un paso más hacia atrás por el miedo a la reacción de los mercados contra el resto de países de la eurozona a favor de Grecia.
Europa simplemente no se fía de Grecia. Sin rodeos, la troika llegó a confirmar que no creían en la capacidad de los griegos para cumplir los compromisos adquiridos. Por lo tanto no se estaba por la labor de seguir haciendo esfuerzos por el país heleno. El pulso claro y decidido de Europa le ha puesto en una situación muy comprometida. Es evidente que este mensaje era sinónimo de admitir que Grecia podía salir del euro. Las manifestaciones, los disturbios, las votaciones hasta altas horas de la noche, no han mejorado la situación de Grecia.
Con toda seguridad, el país heleno puede vivir dentro de la UE y fuera del euro. Sin embargo, ha elegido seguir intentándolo dentro de la eurozona. Desde mi punto de vista, llegar a un acuerdo in extremis, como ha ocurrido, nunca es bueno. En estos momentos no son argumentos económicos los que me llevan a manifestar que necesitamos una unión política, económica y civil en toda Europa. Grecia somos todos y es evidente que necesita cambiar, al igual que muchos otros países, incluida España, pero tenemos que ser capaces de entender que no se puede dar la misma medicina a todos para curar enfermedades distintas.
Sigo insistiendo en que necesitamos más UE hasta convertirnos en los Estados Unidos de Europa. Si una generación completa de griegos crece con el odio hacia la UE, por considerar que se les ha obligado a tomar una decisión que consideran injusta y que ha mermado y mermará sus posibilidades de crecimiento o calidad de vida, no hace falta que explique las consecuencias que en el medio plazo puede acarrear y ese odio se extenderá como la pólvora a los países en dificultades.
La crisis de la deuda soberana me parece una nimiedad en comparación con lo que se puede comenzar a engendrar si no somos capaces de evitarlo con sentido común, que nada tiene que ver con el sentido económico.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Necesitamos más Europa


Al principio de la semana pasada los mercados parecían confiar en que Grecia cumpliría con sus compromisos en los plazos establecidos, peroa mitad de semana, el país heleno daba signos de no tener los acuerdos necesarios para poder poner en marcha las reformas que ya se habían comprometido a ejecutar y el optimismo desapareció. Por ello, la semana terminó con caídas del euro con respecto al dólar, el índice de renta variable también retrocedió y el estado de ánimo general se fue apagando. En cuestión de días u horas, los mercados y los Estados se ven afectados por temas ajenos al día a día de sus respectivas economías. 
Da la impresión, y es muy probable que sea solo una impresión, que el país heleno ya no puede absorber ni una reforma más. También es posible que hayan decidido, conscientemente, esperar hasta el límite  de tiempo que se había establecido para aprobar las reformas con las que ya se había comprometido con el resto de la Unión Europea, manteniendo así la esperanza de que al poner a Europa entre la espada y la pared, en el último minuto, pudieran conseguir quitas mayores y evitar aumentar el sufrimiento a su población. Si llegado el momento del segundo pago del rescate a Grecia, para evitar la quiebra del país, aun no se hubiera ejecutado las reformas pertinente, la eurozona se vería en la necesidad, por el bien común, de dar un paso más hacia atrás por el miedo a la reacción de los mercados contra el resto de países de la eurozona en favor de Grecia.  
Pero la semana terminó con un mensaje al mundo bien claro. Sin rodeos, la troika confirmó que no había acuerdo, que no creían en la capacidad de los griegos para cumplir con los compromisos previamente adquiridos y que por lo tanto no se estaba por la labor de seguir haciendo esfuerzos por el país heleno. Europa simplemente no se fiaba de Grecia. Es evidente que este mensaje era sinónimo de admitir que Grecia podía salir del Euro y que no se iba a hacer ningún esfuerzo adicional por impedirlo. La pelota se quedó en el tejado de los griegos y solo ellos tendrían  que decidir qué deseaban hacer. El domingo fue muy largo para todos, pero especialmente para ellos. Las manifestaciones, los disturbios, las votaciones hasta altas horas de la noche. Probablemente ningún griego se pudo ir a la cama tranquilo.  
Grecia no esperaba encontrarse en esta situación. El pulso claro y decidido de Europa le ha puesto en una situación muy comprometida. Con toda seguridad, Grecia puede vivir dentro de la Unión Europea y fuera del euro. Sin embargo, ha elegido seguir intentándolo dentro de la eurozona. Me preocupa y mucho. Llegar a un acuerdo “in extremis”, como ha ocurrido, nunca es bueno para ninguna de las partes.  En estos momentos no son argumentos económicos los que me llevan a manifestar que necesitamos una unión política, económica y civil en toda Europa. Desde mi punto de vista, Grecia somos todos y es evidente que necesita cambiar, al igual que muchos otros países, incluido España, pero tenemos que ser capaces de entender que no se puede dar la misma medicina a todos para curar enfermedades distintas.  

Necesitamos más Europa hasta convertirnos en "Los Estados Unidos de Europa". Si una generación completa de griegos crece con el odio hacia la Unión Europea por considerar que se les ha obligado a tomar una decisión que consideran injusta y que ha mermado y mermará sus posibilidades de crecimiento o calidad de vida, no hace falta que explique las consecuencias que en el medio plazo puede acarrear. La crisis de la deuda soberana me parece una nimiedad en comparación con lo que se puede comenzar a engendrar si no somos capaces de evitarlo con sentido común, que  nada tiene que ver con  el económico. 
 

miércoles, 8 de febrero de 2012

La reforma financiera y los mercados


El señor de Guindos, el pasado jueves, dio a conocer la reforma financiera en España que, mediante Real Decreto, pretende sanear a los bancos de nuestro país. El objetivo principal es buscar soluciones a los problemas derivados del sector inmobiliario donde la banca se ha visto desbordada por sus innumerables activos problemáticos derivados de los créditos al promotor y la caída del sector.
Los medios de comunicación, y yo diría que también los mercados, hasta ahora han acogido la reforma financiera con entusiasmo. Con ella se obliga a los bancos a que a finales de este año, sean capaces de provisionar los activos inmobiliarios considerados problemáticos. Dentro de estos no sólo se encuentra el suelo, sino también las promociones inmobiliarias que no se han terminado y las que sí lo han hecho y no se venden. A cada activo dudoso se les exige una cobertura distinta: al suelo un 80%, a las promociones en curso un 65% y a las promociones que sí se han terminado un 35%. Si estas coberturas y sus respectivos tantos por ciento son o no suficientes el tiempo lo dirá.
En otras palabras, lo que el Gobierno pretende con esta reforma es que el valor de todos estos activos dudosos, con los que cuenta la banca, se refuercen a través de provisiones extraordinarias más un colchón de capital que sirva de apoyo a dicha cobertura. Los bancos reflejarán, a finales de este año, en sus balances la situación real en la que se encuentran y no en la que le gustaría encontrarse con activos que, a día de hoy, no valen lo que ponen sus cuentas.
Hasta aquí, parece sensato pensar que esta reforma es oportuna y muy necesaria si no estuviéramos en una economía cuyo crecimiento será negativo en los próximos meses, si los bancos fuesen capaces de reactivar el crédito a las pymes y familias a pesar de todo y si el desempleo se estabilizara o decreciera. Todos estos condicionantes, que individualmente parecen bastante complicados de conseguir en el corto plazo y más difícil aún si quisiéramos que se cumplieran todos a la vez, hacen dudar de la conveniencia del momento en ponerla sobre la mesa.
La presión que se ha añadido a los bancos en el corto plazo para poder hacer frente a las nuevas coberturas que tendrán que ejecutar antes de fin de año (si no hay por medio una fusión de entidades bancarias que permitiría una ampliación a dos años para su saneamiento) no afecta a todos los bancos por igual.  El Banco Santander, el BBVA y la Caixabank, se encuentran en mejor situación para cumplir sus nuevas obligaciones. Este martes, por la mañana, fueron capaces de comunicar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores las provisiones que tendrán que realizar para la aplicación de la nueva normativa. Ninguno de los tres parece tener grandes problemas para ejecutar el nuevo Real Decreto. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las demás entidades, lo que obligará a acelerar el proceso de consolidación dentro del sector. Seremos testigos de fusiones importantes quedando reducido, con toda seguridad, el número de entidades bancarias en España.
En el medio y largo plazo la reforma puede ayudar a restablecer la confianza en el sector e incluso atraer inversiones extranjeras una vez que los balances de la banca española se saneen. Pero el éxito o fracaso de esta reforma fiscal vendrá dado por la resistencia que pueda seguir soportando nuestra economía y la confianza que los mercados sigan dándole al país en el corto plazo. Si la caída del PIB en España es superior a lo esperado, los activos que hoy no son problemáticos se convertirán en dudosos y habrá que volver a provisionar en el 2013 y será un ciclo sin fin. Para que todo pueda comenzar a rodar es necesario reactivar el crédito y para ello los bancos tendrán que poder estar en condiciones de hacerlo. Volvemos a estar en manos de los mercados o quizás debería decir que es posible que no dejemos de estar en sus manos por mucho tiempo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La cumbre de los jóvenes y de las pymes


El ejecutivo español sigue en la senda de refinanciar sus deudas y el jueves colocó más de 4.500 millones en bonos a tres, cuatro y cinco años. Con ello se pretende aprovechar la buena racha con la que ha comenzado el año e ir acumulando liquidez para poder hacer frente a la gran prueba de fuego que tendrá que asumir en abril.  En esta fecha necesitará dar respuesta a vencimientos de deuda por valor de 21.311 millones de euros.  Esperemos que los mercados sigan con la misma dinámica y los resultados sigan siendo buenos. Esto demostraría que los mercados confían en nuestro país, a pesar de que el panorama cada vez se va poniendo más complicado.
Esta semana comenzó con la confirmación, por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE), de que la economía española había caído en el cuarto trimestre un 0’3%. En el cómputo anual, España tuvo un crecimiento en el 2.011 de apenas un 0´7%. En el 2012 la situación se complicará, aún más, si las previsiones se cumplen y entramos en una recesión.
Pero lo que realmente ha centrado la atención de todo el mundo ha sido la cumbre europea del lunes. Quizás lo más destacado, desde mi punto de vista, obviando la unión de la República Checa a la postura del Reino Unido sobre el pacto fiscal, ha sido  el lado más humano que han protagonizado los líderes de la Unión Europea.
Por primera vez la discusión se ha centrado en la necesidad de impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo como objetivo número uno. Hasta ahora la postura oficial era inequívoca, todos los países de la zona euro debían cumplir con el equilibrio presupuestario como única opción para luchar contra la crisis; sin embargo, el lunes se puso el énfasis en que las medidas tienen que potenciar el crecimiento económico. Nadie discute que lo óptimo es que ambos objetivos fuesen compatibles, siguiendo la vía de las reformas estructurales y gestionando mejor el gasto por parte de cada país miembro. Pero la duda que se ha sembrado comienza a dar sus frutos y los planteamientos ya no son tan tajantes.
En la búsqueda de potenciar el crecimiento económico y la creación de empleo se acordó que los fondos estructurales comunitarios disponibles se destinen a apoyar a las pymes y a programas de fomento del empleo juvenil. El caso español, donde la tasa de paro juvenil es la más alta de la Unión Europea, tuvo su propio protagonismo: la Unión Europea se comprometió a ayudar a ejecutar un plan de acción contra el paro juvenil en nuestro país. Estas medidas deberían afectar muy positivamente al mercado laboral de los jóvenes españoles desempleados.

Se está trabajando en un modelo laboral común para la zona euro que facilite el movimiento de trabajadores entre los diferentes países con un gabinete transfronterizo y orientador que facilite la búsqueda de empleo. Para conseguir dichos objetivos, es necesario mejorar la normativa comunitaria para el reconocimiento de títulos y cualificaciones profesionales. El objetivo es que los jóvenes europeos que terminen su formación dispongan, en un plazo máximo de cuatro meses, de una “oferta de buena calidad” para trabajar o continuar su formación.