miércoles, 25 de enero de 2012

Balón de oxígeno para España



España atraviesa por la peor situación económica de los últimos 30 años. Aunque siempre he creído que los milagros económicos no existen, enderezar la economía nacional va a ser una misión muy complicada pero no imposible.
Tras la llegada del nuevo Gobierno, y la toma de sus primeras decisiones, resulta obvio que la situación económica, en los parámetros cuantificables, no ha mejorado. En las últimas dos semanas, España está igual de mal, o peor que en noviembre de 2011. Aumenta el desempleo, S&P baja la calificación de la deuda española, el FMI prevé que España entrará en recesión y un largo etc. Con tantas malas noticias, lo normal sería que los inversores huyeran de nuestro país y se refugiaran en otros más seguros y, sin embargo, la sorpresa es que los mercados están dando un balón de oxígeno a la economía española.
¿Por qué está pasando esto? Sería muy simplista pensar que los inversores se pusieron de acuerdo para abandonar al ex presidente Zapatero y apoyar, en estos momentos, al presidente Mariano Rajoy. Es evidente que hay muchos factores que influyen pero, principalmente, la diferencia entre uno y otro radica en la forma de gobernar. El Presidente está tomando decisiones rápidamente y no oculta que la situación es muy compleja, difícil y excepcional. Y a pesar de ello, los mercados están reaccionando positivamente, incluso mejor de lo que esperaban los más optimistas.
La primera prueba de fuego para el país se produjo con las emisiones del Tesoro en la que se consiguió colocar la totalidad a un coste inferior, casi a la mitad. Este resultado podría tener una explicación financiera sencilla que nada tendría que ver con quién gobierna este país. Por un lado, el Banco Central Europeo (BCE) está financiando a la banca con todo el dinero que necesite o desee al 1% y ésta tendrá que devolverlo dentro de tres años. Si el mismo banco decide comprar letras del Tesoro al 2’15%, ya está obteniendo una rentabilidad sin riesgo. Hasta aquí todo es lógico. Pero, ¿cómo se podría explicar la reacción del mercado en la subasta de deuda a cinco, siete y diez años? Recuerdo que las expectativas del Gobierno era colocar como máximo 4.500 millones de euros y el resultado final fue de 6.600. No encuentro otra explicación más allá de la credibilidad que el actual Gobierno pueda estar alcanzado en los inversores. Algo me hace pensar que las cosas, efectivamente, pueden cambiar y, de momento, ese algo, a falta de otros datos económicos, no es más que la confianza en la forma de gobernar. Esta podría ser la punta de lanza para que nuestro país consiga salir adelante.
A lo largo del presente año necesitaremos refinanciar la dolorosa cifra de ciento veinte mil millones de euros. De momento, el Estado está resolviendo bien sus compromisos. En el mes de abril será necesario colocar 21.311 millones de euros más. Entonces podremos ver si los mercados seguirán apoyando la gestión de Mariano Rajoy.
La confianza es un valor que se pierde muy rápidamente. 

miércoles, 18 de enero de 2012

El golpe anunciado de S & P


Esta semana comenzó con la incertidumbre de cómo reaccionarían los mercados, y en concreto las bolsas europeas,  una vez que definitivamente se hizo realidad la amenaza de la agencia de calificación americana Standard & Poor´s (S&P). Que no solo quitó a Francia y Austria la triple A sino que también decidió bajar, al mismo tiempo,  la calificación a otros siete países de la zona euro. Y, como consecuencia lógica el  Fondo de Rescate de la zona euro, conocido como el EFSF en sus siglas en inglés, se ha visto también despojado de la AAA, pasando a tener AA+ desde este mismo lunes.

En el caso de España, las emisiones del Tesoro se han ejecutado con un coste inferior, casi a la mitad, pasando de 4’08 a 2’15 en las letras a un año, con respecto a las últimas emisiones en el año 2011. Eso sí, con la ayuda del Banco Central Europeo. Pero la sorpresa mayor se produjo con los resultados de la subasta de bonos nacionales , ya que al tratarse de bonos a medio y largo plazo (5,7 y 10 años) los analistas consideraban que los inversores iban a ser más cautelosos. El éxito rotundo de la misma sorprendió a todos. Podemos decir que los mercados han aceptado, con mejores resultados de los esperados, las emisiones de deuda nacional. También se puede interpretar que, las medidas que hasta ahora ha ido implantando el nuevo gobierno de España, se van dando por buenas, permitiendo inyectar algo de confianza en el sistema.

En Europa las bolsas no se vieron muy alteradas y siguieron el vaivén de subidas y bajadas, sin provocar sobresaltos. Es evidente que los mercados ya daban por descontado que  S&P reduciría la calificación de media Europa, más pronto que tarde, y que las bolsas ya reflejaban dicha bajada antes de hacerse realidad. Pero a pesar de ello, no hay que olvidar que el comunicado de S&P es una mala noticia para toda Europa. Lo más probable es que la eurozona se vea en la obligación de ampliar los fondos del EFSF, más allá de lo hasta ahora acordado. Y, por supuesto, adelantará la entrada en  vigor del  Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM en sus siglas en inglés) para que comience su andadura en junio de 2012 en vez de en el año 2013 como estaba previsto inicialmente. Pero para ello, los 17 países de la zona euro tendrán que ratificar un acuerdo marco; y los 27 miembros de la Unión Europea están obligados, participen o no en el ESM, a ratificar una enmienda del propio Tratado de Lisboa.  A nadie se le escapa la complejidad de estos trámites y el tiempo que normalmente se requiere para conseguirlos incluso cuando hay unanimidad en la Unión Europea. Desde que Gran Bretaña se desmarcara del resto de sus compañeros, la unidad no existe y dudo que colabore en agilizar los procedimientos necesarios para ratificar el acuerdo marco, si no consigue nada a cambio.

Una vez llegados a este punto, lo interesante es valorar cómo afectará esta situación a la relación existente entre los distintos Estados de la zona euro. Me gustaría destacar que a pesar de que la decisión de Standard & Poor’s no fue una sorpresa para nadie, sí estoy convencida de que tendrá consecuencias. Es evidente que Alemania, al mantener la triple A, se posiciona, aún más si cabe, en un estado de superioridad con respecto al resto de países que no la tienen. Políticamente hubiera sido más fácil que todos los países de la eurozona hubieran perdido la AAA hace tiempo, ya que la gestión de la crisis hubiera sido más rápida y eficaz, desde mi punto de vista.  Y ahora habrá que esperar para comprobar cómo gestionará Alemania su indiscutible poder.

Las relaciones entre Alemania y Francia ya de por sí estaban escoradas a favor de Alemania y S&P ha colaborado en acentuar el desequilibrio. Merkel se encuentra en condiciones de exigir más para conseguir sus propios objetivos, que no necesariamente son los mejores para el resto de Estados de la Unión Europea. No en vano,  una vez recibida la noticia el pasado viernes de la agencia de calificación americana, las primeras declaraciones de Merkel fueron inequívocas: “es necesario aprobar rápidamente el tratado fiscal”. Pase lo que pase, su principal objetivo es la disciplina presupuestaria y las sanciones a quienes no la cumplan. Es obvio que el resto de problemas que tienen la zona euro, no son los mismos que tiene  su país. La canciller no mencionó los matices que en la primera reunión del año con Nicolas Sarkozy había introducido en su discurso, hace escasamente una semana. En la primera rueda de prensa del año, las frases que se destacaron en todos los rotativos fueron que ambos dirigentes consideraban como prioritario impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo. Parecía que Merkel comenzaba a cambiar su discurso para aceptar que sólo con disciplina presupuestaria no se iban a resolver los problemas de Europa. Manifestó, junto a Sarkozy, que era necesario coordinar medidas compatibles con el crecimiento económico, que no necesariamente tuvieran que pasar por el endeudamiento del sector público. Para ello pedía reformas estructurales y mejorar en la gestión del gasto en todos los países de la zona euro.

Da la impresión que Alemania y Francia ya eran conocedores de que S&P iba a comunicar, de forma inminente, la bajada masiva de rating de los Estados de la eurozona y que ambos países pretendían influir, con sus declaraciones, para intentar posponer la decisión de la agencia de calificación americana. Una vez no conseguido su objetivo, Alemania pone otra vez la velocidad de crucero y mantiene su postura de equilibrio y disciplina presupuestaria, sean cuales sean las situaciones en las que se encuentre cada país. A finales de mes, en la cumbre europea podremos comprobar el compromiso real que se quiere alcanzar para agilizar políticas que impulse el crecimiento económico y la creación de empleo.

Europa en su conjunto tendrá que asumir que es prioritario, si el crecimiento económico o el equilibrio presupuestario, todos estaríamos de acuerdo en aceptar que lo óptimo sería compaginar ambas a la vez. Pero,… ¿qué pasaría si se demostrase que no son compatibles al cien por cien?, ¿qué postura debe prevalecer como objetivo número uno?, ¿qué tanto por ciento de desviación estaríamos dispuesto a asumir en ambas casos? Mientras estas preguntas no tengas respuestas claras, las agencias de calificación no serán nuestro mayor enemigo, sino nosotros mismos. Si el objetivo es mantener la Unión Europea hasta convertirnos en los Estados Unidos de Europa salvando al euro, debemos ponernos en el peor de los escenarios y contar con planes alternativos cuando las cuentas no nos salgan.

Standard & Poor’s

Esta semana comenzó con la incertidumbre de cómo reaccionarían los mercados, y en concreto las bolsas europeas,  una vez que definitivamente se hizo realidad la amenaza de la agencia de calificación americana Standard & Poor´s (S&P). No solo quitó a Francia y Austria la triple AAA sino que también decidió bajar al mismo tiempo la calificación a otros siete países de la zona euro. Y, como consecuencia lógica, el Fondo de Rescate de la zona euro, conocido como el EFSF (en sus siglas en inglés), se ha visto también despojado de la triple AAA, pasando a tener la AA+, el pasado lunes.
En el caso de España, los mercados han aceptado con mejores resultados  de los esperados las emisiones del Tesoro de ayer, reduciendo su coste casi a la mitad. En el resto de Europa, las bolsas casi no se vieron alteradas y siguieron el vaivén de subidas y bajadas, sin provocar muchos sobresaltos. Es evidente que los mercados ya daban por descontado que esto sucedería más pronto que tarde y las bolsas ya reflejaban dicha bajada antes de hacerse realidad.
Una vez llegados a este punto, lo interesante es valorar cómo afectará esta situación a las relaciones entre los distintos estados de la zona euro. Me gustaría destacar que, a pesar de que la decisión de S&P no fue una sorpresa para nadie, sí creo que la superioridad de Alemania con su triple AAA, con respecto al resto de la zona euro, nos afectará. Políticamente hubiera sido más fácil que todos los países de la eurozona hubieran perdido la triple AAA, la gestión de la crisis hubiera sido más rápida y eficaz, desde el principio.
Las relaciones entre Alemania y Francia ya de por sí estaban escoradas a favor de Alemania y ahora el desequilibrio se acentúa. Alemania se encuentra en condiciones de exigir más para conseguir sus propios objetivos, que no necesariamente son los óptimos para el resto de Europa. La disciplina fiscal es su meta. Hace escasamente diez días parecía que Merkel comenzaba a cambiar su discurso para aceptar que solo con disciplina presupuestaria no se iban a resolver los problemas y que eran necesarios coordinar medidas compatibles con el crecimiento económico. Para ello pedía reformas estructurales y mejorar en la gestión del gasto en todos los países de la zona euro. Pero después del anuncio de S&P volvió a declarar que lo que urge es la disciplina presupuestaria, olvidando mencionar la necesidad de impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo en la Unión. Da la impresión que Alemania y Francia ya eran conocedores de que S&P iba a comunicar, de forma inminente, la bajada masiva de rating de los estados de la eurozona y que ambos países pretendían, con aquella rueda de prensa, posponer la decisión de la agencia de calificación americana. Una vez no conseguido el objetivo, Alemania pone otra vez velocidad de crucero y mantiene su postura de la necesidad de equilibrio y disciplina presupuestaria sean cuales sean las situaciones en las que se encuentren cada país.
Europa, en su conjunto, tendrá que definir que es prioritario, si el crecimiento económico o el equilibrio presupuestario, si no fuese posible compaginar ambos políticas al unísono. Mientras estas decisiones no estén claras, las agencias de calificación no serán nuestro mayor enemigo, sino nosotros mismos.

miércoles, 11 de enero de 2012

Nuevo año, vieja crisis


Ha comenzado un nuevo año pero continuamos con la misma vieja crisis de la eurozona. Aunque en España hemos estado más pendiente de las reformas que rápidamente ha ido aprobando el nuevo equipo de Gobierno, los problemas europeos han seguido su rumbo y continúan sin soluciones milagrosas. Grecia sigue sin tener liquidez para hacer frente a sus obligaciones, que vencen en los próximos seis meses. El recelo de una posible ampliación de la quita, ya propuesta, sobre su deuda sigue empañando la economía de toda la zona euro e impide que los inversores sean optimistas y que, entre otros motivos, las bolsas levanten su vuelo.

El primer encuentro del año entre la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés Nicolas Sarkozy tuvo lugar el pasado lunes. En la agenda se analizaron todos los temas de actualidad, como era de esperar. Se perfila un pacto fiscal más ambicioso,  que confían en tener listo en la próxima cumbre europea el 30 de enero y aprobado el 1 de marzo;  ya veremos si los plazos se cumplen. En cuanto a Grecia, ambos dirigentes avisan de la necesidad de refinanciar su deuda de forma inmediata. Merkel da la impresión de que empieza a aceptar, empujada por Nicolas Sarkozy, que es necesario crear una tasa sobre las transacciones financieras, al menos en la zona euro, ya que el Reino Unido se ha opuesto radicalmente. También coinciden en la necesidad de adelantar, aún más, las aportaciones de capital al Mecanismo Europeo de Estabilidad con el objetivo de intentar ganar confianza para atraer inversiones.

Pero desde mi punto de vista, lo más destacado y que quizás ha pasado desapercibido es que por primera vez hablan de la necesidad de impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo como objetivo número uno. Merkel siempre ha defendido que todos los países de la zona euro deben cumplir con el equilibrio presupuestario como única opción para luchar contra la crisis y ahora hace hincapié en que las medidas tienen que ser compatibles con el crecimiento económico. Está convencida de que ambos objetivos son posibles a la vez, siguiendo la vía de las reformas estructurales y con el gasto mejor gestionado por parte de cada país miembro y cree que es posible evitar los paquetes de estímulos que aumentan el endeudamiento del sector público. En esta línea una de las medidas podría afectar al mercado laboral de los jóvenes españoles desempleados, casi el 40% de la población juvenil en edad de trabajar. Se está estudiando un modelo laboral común para la zona euro que facilite el movimiento de trabajadores entre los diferentes países con un gabinete transfronterizo y orientador que permita mejorar el nivel del idioma y la búsqueda de empleo. Es conocido por todos que en Alemania es necesario más mano de obra cualificada y que España es uno de los países que cuenta con ella y que está desempleada. La salida de nuestro país de estos jóvenes supone una pérdida de potenciales activos para nuestro país y desde ya se debería buscar la manera de poderlos recuperar, una vez que la economía española pueda comenzar a crecer y proporcionarles unas retribuciones dignas. 
Ante nosotros tenemos un nuevo año lleno de retos y dificultades, de la misma manera que comenzó y terminó el 2011. En la medida que los políticos sean capaces de dar ejemplo con su comportamiento y trasmitir los pasos que se darán, y la sociedad aceptar que son necesarios y asumir los esfuerzos si están bien distribuidos, este año no tiene por qué ser peor que el anterior y sí puede terminar mejor que el 2011.