martes, 19 de junio de 2012

¡Así no hay quien viva!

Una vez que supimos que el pueblo griego había dado el respaldo al euro en sus elecciones generales, parecía lógico pensar que podríamos tener algo de tranquilidad. El lunes a primera hora los mercados abrieron en verde y con una euforia que pronto se desvaneció. El motivo, según parece, fue que los mercados esperaban una acción coordinada de los bancos centrales que no se produjo, precisamente porque los resultados en Grecia permitían dar un margen de tranquilidad. Esa acción coordinada que se esperaba no era otra que intentar paliar el posible caos financiero que se hubiera podido producir si todos los europeos decidían retirar los fondos de los bancos en el caso de que en Grecia los resultados electorales hubieran sido distintos.
Con esta nueva situación, los mercados de pronto consideraron que Grecia ya no era el problema principal de la jornada y desviaron su atención hacia España. Conocer el dato de la morosidad en la banca española, que se ha situado en el 8’8%, el más alto en los últimos 18 años, tampoco ha ayudado mucho. En conclusión, esto provocó que el bono español alcanzara el nivel crítico del 7% y la prima de riesgo alcanzara 570 puntos, batiendo récords. Ahora los ojos están puestos en la cumbre del G-20, donde se espera que los europeos, que pertenecen al grupo, pueden dejar claro que Europa está unida y que la unión fiscal será el siguiente paso inequívoco para poder llegar a concretarla con eurobonos.
Los Estados Unidos de Europa, del que tanto se ha hablado, no es una opción más, visto los acontecimientos como se precipitan, se trata de la única opción que puede permitirse, en estos momentos, la Unión Europea. Si las decisiones se retrasan, las consecuencias para España serán muy duras. España no podrá crecer y si lo hiciera estaría sometida al pago de unos intereses tan elevados que no podría soportarlo de ninguna manera. Por ello, no es de extrañar las peticiones continuas que nuestro Gobierno está haciendo a las instituciones europeas, y más concretamente al Banco Central Europeo, para que intervenga urgentemente y relaje la tensión que los mercados están provocando en nuestro país. No hacerlo es sinónimo de permitir que existan dudas sobre la capacidad de recuperación de la economía española y, por ende, sobre el futuro del euro. Es difícil saber qué más puede hacer España para convencer a sus interlocutores europeos de la necesidad de actuar rápido y de forma contundente.
Lo que sí parece razonable que todos entiendan es que con la prima de riesgo en estos niveles, España no podrá soportarlo. Y si cae España los demás vienen detrás y ninguno de nuestros socios europeos saldrá beneficiados de esta situación. Era imprevisible que después de los resultados electorales favorables de Grecia los mercados nos fueran a castigar de esa manera. ¡Así no hay quien viva!
*Economía, abogada y licenciada en Ciencias Políticas | @errelu

lunes, 18 de junio de 2012

“El contubernio de Münich de 1962”

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir, en la Casa de América, a unas jornadas  dedicadas a recordar lo acontecido en Münich en el IV Congreso Internacional del Movimiento Europeo. El objetivo global del congreso era estudiar la democratización de las instituciones europeas y los medios necesarios para la creación de una Comunidad Política, capaz de impulsar realmente la construcción de los “Estados Unidos de Europa”.  Para ello, entre otros, se había organizado un coloquio dedicado al análisis de la situación española. Con dicha excusa,  la ciudad alemana fue testigo de cómo 118 españoles pertenecientes a todas las fuerzas de la oposición al franquismo se reunían. Era la primera vez que, después de la Guerra Civil, se escenificaba una reconciliación nacional de ese nivel. Los españoles que acudieron a dicha reunión militaban en las filas de partidos monárquicas, democristianos, liberales, socialistas, nacionalistas del País Vasco y de Cataluña y hasta había dos comunistas, que estuvieron por los pasillos sin poder formar parte del Congreso, pero allí estaban. Al hacerse posible que en una mesa representantes de tan distintos partidos  fueran capaces de superar los recelos en busca del consenso, todas las puertas que parecían bien cerradas se abrieron de par en par para los españoles. Hay que recordar que estaban presentes gentes que habían combatido en la guerra en trincheras distintas como fue el caso del monárquico Joaquín  Satrústegui y de Rodolfo Llopis dirigente del PSOE en el exilio.
El régimen franquista calificó dicha reunión de “contubernio de Münich”, es decir, de alianza vituperable o cohabitación ilícita si nos ceñimos a la RAE. Al regreso a España de los participantes del congreso, que no estaban exiliados, se encontraron con la policía franquista  que les esperaba en los aeropuertos y estaciones. Muchos de ellos se vieron obligados a exiliarse como Carmelo Cembrero; otros fueron desterrados a Fuerteventura como Satrústegui y Álvarez de Miranda; y en el mejor de los casos, algunos perdieron sus puestos de trabajo o fueron perseguidos policialmente. Pero hoy, parece indiscutible que ese encuentro cambió el rumbo de la historia de España. En la mente de los que escuchaban y no podían hablar libremente quedaba claro que el cambio era posible. No pudieron derrocar a la dictadura, pero sí es cierto que, de alguna manera, se sentaron las bases de la democracia en España y del europeísmo. Tuvieron que esperar hasta 1977 para que se celebrara en España las primeras elecciones democráticas, pero muchos de los que participaron en el Congreso destacaron como políticos en la época democrática de nuestro país. Para mí ha sido muy llamativo comprobar que, en lo que en España se ha denominado “El contubernio de Münich” de 1962,  ya se hablaba de la necesidad de crear los Estados Unidos de Europa.  Esta opción hoy, 50 años más tarde, sigue siendo la más interesante para los españoles. Como dice la frase de Ortega y Gasset,  “España es el problema y Europa es la solución”   Raquel Lucía Pérez Brito. @errelu Economista, abogada y licenciada en Ciencias Políticas.

miércoles, 6 de junio de 2012

La prima de riesgo y los eurobonos

En los últimos años, las noticias han convertido a la prima de riesgo en un término muy popular en toda Europa. Hasta entonces, pocos eran los que habían oído hablar de ella y menos aún los que conocían qué era y sus posibles consecuencias.
Hoy estamos puntualmente informados de la evolución de la prima de riesgo y escuchamos con interés sus vaivenes. Es cierto que muchos tienen la sensación de que es algo lejano y que no nos afecta directamente e incluso la comparan con la bolsa, con la creencia de que solo tiene interés para los que participan en ella. Sin embargo, sus consecuencias pueden ser devastadoras para todos los ciudadanos de un país en el medio y largo plazo.
También se la conoce como “riesgo país” y, quizás, con este término sea más fácil de intuir la importancia de la misma. La prima de riesgo no es otra cosa que la comparación de un país con otro. En Europa, todas las primas de riesgo de los países de la zona euro se comparan con el país cuya economía se considera la más fuerte de la zona, que evidentemente es Alemania. Por lo tanto, la prima o riesgo país es el sobrecoste que exigen los inversores por comprar los bonos españoles en el mercado secundario a 10 años, en vez de los alemanes, sobre los que no existen dudas en cuanto a su reembolso. Es evidente que, la prima de riesgo refleja el nivel de confianza de los mercados en la economía y las instituciones de un país. La desconfianza en España, con o sin razón, ha provocado que la prima de riesgo esté en límites históricos porque los mercados consideran que existe un riesgo de impago.
La semana pasada, al colocarse la prima en 535 puntos, el comprador de bonos españoles en el mercado secundario decidió asumir un riesgo a cambio de una mayor rentabilidad. Los inversores ganarán un 5,35% más de interés que si hubieran comprado los mismos bonos con el mismo plazo pero en vez de a España a Alemania.
Podríamos pensar que España no debería acceder a pagar un sobreprecio por financiarse, pero es que nuestro país necesita que le sigan prestando el dinero para poder hacer frente a los vencimientos de deudas pasadas o refinanciarlas. Los mercados se han convertido en el banco usurero que pone las condiciones que le interesa en cada momento según criterios incluso lejanos a la objetividad, que juegan en los mercados secundarios. A España no le queda otra que seguir luchando para que la intervención del Banco Central Europeo sea más intensa y por conseguir que los Eurobonos se conviertan en una realidad.
Con los eurobonos, el inversor tendría una misma rentabilidad en toda la zona euro y por lo tanto desaparecería la prima de riesgo ya que el pago de los bonos sería asumido por la zona euro en su conjunto.
Raquel Lucía Pérez Brito.   errelu.blogspot.com
Economista, abogada y licenciada en Ciencias Políticas

Marcos Guimerá Peraza

Este lunes nos ha dejado el ilustre abogado, notario, escritor e historiador Don Marcos Guimerá Peraza a sus 93 años. Don Marcos se ha ido de esta vida dejando un legado de valor incalculable a nuestra sociedad.
Galardonado con la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort, que concede el Ministerio de Justicia. Nombrado Gánigo de honor del Hogar Canario de Madrid. Medalla de Oro de la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife. Premio Teide de Oro, Hijo Predilecto de Santa Cruz de Tenerife, Hijo Adoptivo de Gran Canarias y Medalla de Oro de Tenerife.
Se centró en analizar las figuras políticas más importantes del siglo XIX en las Islas Canarias y en cómo sus acciones influyeron en la historia de nuestra tierra. Entre otros, escribió sobre José Murphy, político tinerfeño que, en 1821, consiguió la capitalidad única de Canarias, origen del llamado Pleito Insular entre Tenerife y Gran Canaria.
Además, Don Marcos Guimerá destacó por ser un buen “Padre de familia”. Se convirtió en el lazo de unión de sus 13 hijos, con sus respectivos yernos y nueras, siendo admirado y respetado por todos. Su amor por su familia es sólo comparable a su amor por Tenerife. No dejó indiferente a nadie de los que tuvimos la suerte de conocerlo.
Hace ya más de 16 años, en su casa del Sauzal, me recibió en su refugio personal, su biblioteca. Mantuvimos una tertulia de lo más interesante, yo me iniciaba en la política y aún era muy joven e impulsiva. Me transmitió que un buen político tenía que conocer el origen de sus raíces personales y de su pueblo. Aconsejándome que estudiara a mis antepasados, lo hice aprovechando el breve tiempo que estuve en el Congreso de los Diputados, durante el cual, entre otras cosas, leí las intervenciones que nuestros dirigentes hicieron durante la Segunda República. Cuando nos despedimos me regaló su libro: “Los Puertos Francos en el siglo XIX”. Tras su lectura y después de varios años de trabajo, la Autoridad Portuaria y Sofitesa consiguieron que el Ministerio de Economía y Hacienda aprobara en Tenerife la Primera Zona Franca abierta de España.
Gracias a sus libros entendí que la actividad política era, no sólo necesaria, sino la mejor oportunidad que se le puede brindar a un ser humano para poder mejorar la calidad de vida de todos, y como el uso de la palabra adecuada puede convencer a tus adversarios políticos desde la concordia y el respeto mutuo, para poder llegar a acuerdos en beneficio de todos.
Se puede decir que Don Marcos Guimerá ha enriquecido nuestro acervo cultural e histórico, pero también las relaciones humanas de los que le rodeaban. Por ello, me siento personalmente agradecida y estoy segura que la inmensa mayoría de los canarios que le  conocieron también lo están. DEP.
Economía, abogada y licenciada en Ciencias Políticas
@errelu.blogspot.com


martes, 15 de mayo de 2012

Los contagios europeos

En Europa, la prensa económica, se centra en las noticias de la delicada situación de la zona euro y en sus posibles contagios. Como ya he comentado en algunos artículos anteriores, todos los países de la eurozona están expuestos, aunque en estos momentos solo veamos en peligro a nuestro propio país. El Reino Unido considera en riesgo la estabilidad de su sistema financiero, según un informe del Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra, y aconseja a sus bancos que retengan beneficios para poder afrontar los problemas que puedan surgir con la crisis de Europa.
Esta vez, la preocupación no se queda exclusivamente en Europa, sino que se ha extendido a Estados Unidos y Asia. Por ejemplo, Barack Obama advierte de que la crisis de la zona euro puede pasar factura al resto del mundo. Los informes económicos que se manejan, consideran que el problema de la eurozona no es Grecia. Según sus analistas, Europa podría asumir, sin duda alguna, las pérdidas que provocaría la quiebra del país heleno o su salida del euro. Sin embargo, consideran que el verdadero peligro del sistema financiero europeo se encuentra en los contagios que pueda ocasionar. Los americanos ven como una amenaza real a España, si se contagia de Grecia. España arrastraría a Alemania, Francia, Reino Unido e Italia y una vez llegados a este punto, comenzarían los problemas para el resto de la economía mundial.
Con este escenario, los problemas de uno serían en breve los problemas de todos. El primer reto que hay que superar es el de Grecia y su gobierno. En paralelo, hay que fortalecer la economía española y alejar las dudas que actualmente se centran en el sistema bancario español. En segundo lugar, hay que buscar los mecanismos que impidan que Europa se vuelva a encontrar en una situación como la actual en el futuro.
Se está viviendo un momento histórico en la Unión Europea en la lucha por su supervivencia. El Parlamento heleno necesita nombrar a un presidente, tecnócrata o no. El Gobierno español está haciendo las reformas necesarias. La prima de riesgo, en estos días, ha subido en idénticas proporciones tanto en España, Italia como en Francia. Por lo tanto, podríamos entender que no se trata de un ataque hacia nuestro país, sino un problema de toda Europa. España necesita que la confianza de los mercados deje un margen temporal que permita que las reformas aprobadas comiencen a dar sus frutos sin continuos sobresaltos.
En Europa ya no se discute que, las alertas tempranas de los desequilibrios macroeconómicos y el control de las políticas fiscales de cada país de la zona euro, sean necesarias para mantener la propia Unión Europea. No será un camino fácil, pero no hay otro mejor. Hay que dirigir todos los esfuerzos hacia la unión política y fiscal de Europa y la creación de los Estados Unidos de Europa.

miércoles, 18 de abril de 2012

Primero unión fiscal, después bonos europeos


En medio de las tensiones que se viven en la eurozona, ha quedado muy claro que el sistema empleado para el control de las políticas económicas de los países miembros ha fallado. La dialéctica de vigilancia, las recomendaciones y las posibles sanciones no han sido suficientes para controlar  las políticas económicas y fiscales de cada uno de los Estados  de la zona euro.
Actualmente existe una política en Europa lo suficientemente fuerte como para impedir que un país entre o salga de la Unión Europea cuando quiera, sin embargo es demasiado débil para controlar las actuaciones económicas que cada país puede realizar poniendo en peligro la estabilidad de los demás.
Ya no son objeto de preocupaciones únicamente Grecia, Irlanda o Portugal. Ahora también se encuentran en el ojo del huracán España e Italia. Se ha escrito largo y tendido sobre las consecuencias que tendría para Europa y la economía mundial que estas dos naciones terminen siendo rescatadas.  Y una de las conclusiones más extendidas es que,  si esto llegara a suceder, la propia Unión Europea tendría más opciones de desaparecer que de poder asumir ambos rescates.
No quedan muchos más caminos que escoger y quizás se está esperando demasiado para andarlo. Ha llegado el momento de una unión fiscal europea. Si se está de acuerdo en que los Estados de la eurozona podrían aceptar una pérdida parcial de su soberanía en política fiscal, se tendría que crear un nuevo órgano independiente que represente a Europa. Estaríamos ante un “ente comunitario” que sea capaz de dejar sin efecto las políticas nacionales cuando entren en conflicto con los intereses generales de la zona euro. Sería algo similar a una “Secretaría Económica permanente de la Unión Europea”. Es evidente que las reglas del juego tendrían que estar bien definidas desde el principio y que se debería tener claro qué actuaciones pueden influir o no en posibles desequilibrios macroeconómicos de la eurozona para considerarlos fuera o dentro del ámbito de actuación de cada Nación. A nadie se le escapa que, con esta posibilidad, la soberanía de los estados miembros queda mermada y en suspenso hasta que dicho  “ente” determine el nivel de implicación que va a tener cada decisión nacional.
 En mi opinión, primero tendrá que haber una unión fiscal y con ella se podrá reestructurar ordenadamente la deuda periférica. La mejor opción es comenzar a sustituir bonos nacionales por bonos europeos. Alemania ha estado en contra de esta opción en todo momento, ya que  consideraba que los errores en la política económica de un estado de la eurozona provocaban que los contribuyentes del resto de los estados miembros tuvieran que pagar sus deudas. Sin embargo, las circunstancias han cambiado y los países más afectados por esta crisis ya han iniciado un profundo y necesario proceso de reformas estructurales y por ello Europa está más preparada para aceptar una unión fiscal y también sus eurobonos. Con ellos se hablaría de una única prima de riesgo, la europea, y el tipo de interés que se pagaría sería también uniforme en toda la zona euro.
Las decisiones que se esperan de las autoridades europeas son económicas, principalmente, pero llevan implícita una solución política. Europa debe lanzar un mensaje inequívoco, que permita inyectar confianza en los mercados, dirigiéndose hacia la unión fiscal que permita comenzar con los eurobonos y terminar convertida en los “Estados Unidos de Europa”.

martes, 17 de abril de 2012

La energía y el modelo económico

Las oscilaciones del precio del barril de petróleo han llegado a ser tan abrumadoras a la alza y a la baja que es ya hora que los gobiernos de los países importadoras de petróleo tomen las medidas oportunas para depender menos del crudo. Sería interesante abrir un espacio de reflexión sobre posibles coordenadas temporales y medidas a adoptar para poder mitigar los efectos en la economía y nuestra forma de vida de dichas importaciones.
Si nos centramos en el actual panorama energético de España, existe una importante tensión en el sector, es cierto que ya estaba latente y que la crisis económica los ha avivado. Nos referimos, en concreto, al déficit tarifario y al ajuste en la retribución de las energías fotovoltaicas. La crisis ha golpeado y golpea con tanta fuerza que todos compartimos que nada va a ser como era cuando se estabilice la situación. Las estructuras económicas y sociales deben cambiar radicalmente en las próximas décadas. Las economías del futuro tendrán que estar basadas en el desarrollo del potencial de los recursos y capacidades propias y todo ello ajustando el consumo de lo que somos y  tenemos.
La política energética tiene que convertirse en una consecuencia de un modelo económico determinado. España no puede seguir importando el 80% de los recursos energéticos primarios principalmente de combustibles fósiles generando un déficit energético que supera al 3% del PIB de este país. Es necesario y urgente un nuevo planteamiento en la política energética, que compagine, por un lado, una estrategia de innovación, de ahorro y eficiencia energética (tanto  en el sector residencial como en el sector del transporte) y, por otro lado, cambiar los comportamientos sociales e individuales de los ciudadanos.
La Unión Europea plantea tres ejes principales que se deben seguir en las políticas energéticas de cada país: la Sostenibilidad, la Seguridad de Abastecimiento y la Competitividad marcándose como meta el año 2020 para alcanzar una independencia energética de dos tercios de la demanda de la electricidad.
Las energías renovables, la acumulación de la energía y la eficiencia energética son la oportunidad de desarrollo tecnológico más importante en este contexto. La Administración tiene la obligación de impulsar la cooperación entre las empresas y los centros de investigación tecnológicos, con recursos económicos y con medidas que favorezcan la integración y la coordinación de las universidades y de los centros tecnológicos que trabajan con la energía.
Hay que tener claro los criterios económicos y sociales que deseamos para el futuro, con ello definir la demanda que existirá, la eficiencia energética, el grado de independencia energética y sus efectos económicos. Las energías renovables y la nuclear son las únicas opciones actuales en España. Seguir dependiendo del precio del crudo o del cambio dólar euro, indefinidamente, no es el camino.
El futuro de la sociedad del bienestar dependerá del uso que le demos a los recursos energéticos que seamos capaces de generar dentro de nuestras fronteras.

martes, 10 de abril de 2012

Nuestras incomprendidas Islas Canarias


Canarias necesita urgentemente construir su propia “Arca de Noé” y para ello es necesario que todos los partidos políticos se pongan de acuerdo,  independientemente de que se encuentren en el gobierno o en la oposición. 
La situación de Canarias ha llegado a unos límites en los que, aun siendo posible empeorar, es evidente que no vamos a mejorar sin un consenso político y social. Es necesario hacer un gran esfuerzo y apoyar las decisiones y políticas controvertidas  que los gobernantes tendrán que ejecutar de inmediato, anteponiendo ese gran pacto político a sus propias siglas e intereses partidistas. Me resisto a creer que esto es una utopía. 
Canarias debe consensuar una unidad económica regional. Es la única forma de depender lo menos posible de las decisiones y coyunturas en la que, históricamente, nuestra Comunidad  no ha podido ni ha sabido influir. Solo hay que hacer un repaso a las grandes crisis que ha sufrido Canarias para darse cuenta de la necesidad que tenemos de autogestionar nuestras propias limitaciones. La primera gran crisis que asoló a las Canarias abarcó desde los años 1820 hasta 1850 y, fundamentalmente, fue consecuencia del fin de la política proteccionista del Estado Español, que dejó de favorecer los servicios marítimos y el sector agroexportador de Canarias.  Por lo tanto la crisis fue provocada porque el Gobierno Español decidió, con una política nacional y no diferenciada para un territorio con tantas especificidades como las Canarias, incrementar los aranceles y proteger la marina nacional. El resultado fue inmediato: las flotas extranjeras que atracaban en nuestros puertos se vieron obligadas a dejar  el mercado canario. Esta situación se suavizó con la entrada en vigor del Decreto de Puertos Francos, de 1852, que nos reconocía un hecho diferencial con respecto al resto del territorio español. En aquella época, los Puertos Francos resucitaron la economía de las Islas. 
La Primera Guerra Mundial y la depresión de 1929 provocaron grandes vaivenes en nuestra economía, pero la segunda gran crisis de Canarias se produjo entre los años 1936 y 1959 y no tanto por la guerra civil y sus posteriores consecuencias, sino por la decisión unilateral, nuevamente por parte del gobierno central, de eliminar el mercado librecambista isleño y provocar así la subordinación de la política económica de Canarias a la economía de la autarquía franquista. Si nos centramos en estas dos grandes crisis (dejando para otro momento las crisis de los 70 y, posteriormente, la crisis de los 90) podemos concluir que las dos grandes crisis que ha sufrido Canarias se han acentuado por el no reconocimiento, del gobierno central, de las peculiaridades propias de una región ultraperiférica.
Por lo tanto, el primer paso que habría que dar para poder comenzar a construir nuestra Arca de Noé es analizar cuál debe ser nuestra unidad económica regional o modelo productivo y, una vez alcanzado ese acuerdo, garantizarlo con un Régimen Económico y Fiscal de Canarias que no se pueda considerar una ayuda de Estado y, esté, por tanto, en constante revisión. Es imprescindible que esa especificidad esté recogida en la Constitución Española, como signo de nuestra diferenciación del resto del territorio español.
Actualmente el Estado central, de momento, tampoco ha diferenciado entre  el sistema eléctrico insular  y el peninsular  y nos encontramos con legislaciones en energías renovables que no tienen en cuenta las especificidades de nuestro archipiélago, con algo tan sencillo, por ejemplo, como la mayor exposición solar. El marco regulatorio se ha diseñado, una vez más, para unas condiciones continentales donde las energías renovables son más caras que las tradicionales mientras que en Canarias ocurre todo lo contrario. En los próximos artículos me centraré en estas grandes diferencias.
Habrá que confiar en que el nuevo Ministro canario José Manuel Soria, conocedor de estas diferencias, sea capaz de convencer al resto del Gobierno español que Canarias debe y tiene que tener un marco regulatorio diferenciado en cuanto a las energías se refiere.
Es evidente que el modelo productivo actual de nuestras islas no es suficiente y que en épocas de crisis nos vemos más afectados que otras regiones. Todos estaremos de acuerdo en que, es deseable, si no cambiarlo radicalmente, al menos complementarlo. La posibilidad de la existencia de petróleo  cerca de nuestras costas puede ser uno de los pilares que pueden modificarlo. Habrá que sacar el máximo provecho para nuestras islas si finalmente se confirma, y sólo se puede y se debe conseguir desde el diálogo.

martes, 20 de marzo de 2012

En el ojo del huracán

No hay nada menos oportuno, en estos momentos, que pensar que lo peor ya ha pasado y creer que los mercados ya empiezan a ver la luz al final del túnel en la mal llamada crisis de la deuda soberana en la eurozona. Es cierto que se han llegado a acuerdos importantísimos y necesarios, que permiten ganar tiempo, pero la situación en Grecia es igualmente mala, como también lo es la de Portugal y ahora en el ojo del huracán está el sistema financiero europeo y tocando de lleno el español.
Hay países como Bélgica, Alemania y Francia, que tienen más deuda pública que España. Sin embargo, durante la última década, el endeudamiento del sector privado español fue el que más creció entre los países desarrollados, encontrándose ahora muy por encima del promedio europeo. Los recursos financieros que las familias y las empresas demandaban para invertir y consumir fueron asumidos por el ahorro nacional en un tercio y el resto por prestamistas extranjeros. Esto provoca que el ataque a la deuda soberana de nuestro país, no se deba exclusivamente al tamaño de la misma, sino a lo que se percibe en el exterior sobre la capacidad de pago del Estado, las empresas y las familias en relación a toda su deuda exterior, no exclusivamente a la deuda soberana. Por lo tanto, en nuestro caso, no deberíamos hablar de “crisis de la deuda soberana”, sino de “crisis de la deuda privada”.
La dependencia de España de los inversores extranjeros provoca que sean estos los que dirijan las políticas económicas de nuestro Estado, juzgando si las decisiones que se toman son o no acertadas. De momento, nuestro Gobierno ha sido capaz de templar esta presión de los mercados. El siguiente reto, y el más importante, es hacer crecer la demanda interna, la productividad, la competitividad y las exportaciones, como única forma de crecimiento. Al mismo tiempo es necesario refinanciar la deuda que vence en los próximos doce meses. Es cierto que para conseguir dichos objetivos la presión se ejerce sobre las llamadas “reformas estructurales”. Y por ello los ciudadanos detectan la amenaza de recortes de derechos laborales, sociales y un latente peligro de regresión en sus condiciones de vida. No se trata de hacer milagros, se trata de ser realistas. Dichas reformas están provocando que se vuelva a tener confianza en España. Pero en paralelo, será necesario buscar soluciones al endeudamiento privado, que es el principal problema de nuestra economía y que impide la recuperación de la demanda interna y la reactivación de la inversión privada. Una de las posibles soluciones pasa por refinanciar la deuda privada, tal y como se hará con la pública, pero con el ahorro nacional. El Estado podría convertir esa deuda privada en pública y canalizar el ahorro privado nacional con deducciones fiscales a los prestamistas nacionales. Estos deben tener un aliciente para invertir.
Se debería, en mi opinión, comenzar a solucionar el problema de la deuda privada y posteriormente asumir la pública. Ambas a la vez, como se pretende hacer, ralentizarán el proceso.
Con estas medida el nivel de deuda se mantendría, pero se disminuiría, poco a poco, la dependencia de los mercados y sus ataques.

miércoles, 7 de marzo de 2012

El principio del fin de Putin

A pesar de que Vladimir Putin ha ganado las elecciones presidenciales de Rusia, el principio del fin de Putin ha comenzado. Parece inevitable que, en los próximos seis años, el país quede en las mismas manos. Sin embargo, Rusia está pidiendo un cambio. Independientemente de que haya existido o no un fraude generalizado en las elecciones del domingo, las movilizaciones del pueblo no han pasado desapercibidas para el resto del mundo.
La popularidad de Putin ha ido en declive. Tanto en San Petersburgo, donde se inició en la política, como en Moscú, ha perdido más del 50% de sus apoyos. En el campo, donde aún mantiene su fuerza, se palpa inevitablemente, una desilusión progresiva. Hay quienes se atreven, incluso, a opinar que quizás Putin no se mantenga en el poder los próximos seis años y que lo lógico es que se busque un sucesor dentro del grupo de gobierno para que se produzca una sustitución de forma ordenada.
Si se analiza el motivo de este descontento, nos sorprenderíamos al comprobar que no se trata de un tema exclusivamente económico. Los rusos viven hoy mucho mejor que hace 12 años, cuando Putin llegó a la Presidencia. La nueva situación que se plantea con la crisis política y de liderazgo personal del presidente puede hacer temblar el sistema de clases sociales actual.
La clase obrera rusa se ha vuelto, en estos doce años, más dependiente del Estado tanto para conseguir trabajo como para los subsidios, por lo tanto, hasta ahora, se han sentido menos propensos a luchar en la calle por sus intereses contra quien les da de comer. Por otro lado, las élites oligarcas, formadas por los servicios de seguridad y los burócratas de alto nivel, que en definitiva son los que dirigen el país a falta de verdaderas instituciones democráticas, se han sentido cómodas gracias al apoyo de la clase obrera que representan el mayor número de la población.
Sin embargo, la clase media ha visto como las perspectivas de crecimiento que, hoy por hoy, tiene su país han decrecido y se sienten con fuerzas, cada vez mayores, para enfrentarse a la lacra de la corrupción y el clientelismo oficial, saliendo a la calle y manifestándose como lo han hecho en esta semana.
Es muy posible que la clase obrera comience a entender que la clase media tiene serios motivos para manifestarse y si termina apoyándola el conflicto estará servido.
Putin tiene opciones de acabar este mandato haciendo un esfuerzo por limitar la corrupción a casos excepcionales y llevar reformas que conduzcan a estimular la inversión en su país. Cuenta con 6 años para modernizar Rusia y garantizar elecciones presidenciales en el 2018 totalmente libres de sospechas. Con ello conseguiría que la era de Putin termine con una transición tranquila hacia la democracia, pero no lo tiene fácil, los intereses creados alrededor del Kremlin pueden provocar su propia caída.sos unidos de Europa.

martes, 28 de febrero de 2012

Mi columna en el expansión: Grecia necesitará un tercer rescate



Grecia, además de vivir en un profundo caos, se enfrenta a las elecciones generales previstas para abril de este año. A nadie se le escapa que existe una fuerte oposición interna, en el país heleno, a las medidas que se están viendo obligados a aprobar para evitar la quiebra del sistema y con ello la salida del euro. Los diferentes partidos plantean soluciones distintas para solventar la crisis a medio y a largo plazo, pero no todas estas soluciones pasan por mantenerse dentro del euro. Según las encuestas una mayoría importante respalda la idea de mantenerse dentro de la eurozona, pero los sondeos son sondeos y de aquí a abril aún queda mucho tiempo por delante. No hay que olvidar que, cada día que pasa, los dos partidos mayoritarios que apoyan el mantenerse dentro de la unión monetaria van perdiendo popularidad.
Los esfuerzos de Europa, que hasta ahora se han ido ejecutando en los dos últimos rescates a Grecia, podrían no servir de mucho si en dichas elecciones el nuevo gobierno que salga elegido no se siente comprometido con los acuerdos alcanzados hasta ahora. Por ello, el eurogrupo ha solicitado un compromiso real de todos los partidos políticos para intentar evitar que esto ocurra salga quien salga elegido. Pero los países son soberanos y pueden, a pesar de los acuerdos alcanzados con anterioridad, cambiar de opinión bajo la justificación de encontrarse en una situación excepcional que requiere medidas excepcionales.
Lo realmente preocupante es que incluso en el mejor de los casos, en el que Grecia, realmente, consiga mantenerse dentro del euro, sea capaz de mejorar su competitividad tras las reformas estructurales (a las que se ha comprometido y, con toda seguridad, alguna más) y finalmente consiga crecer un 1% en el 2013, el resultado más óptimo lograría situar a Grecia con un déficit del 120% del PIB en el 2020, según los informes del Fondo Monetario Internacional. Y con estos números, el problema heleno  no estaría resuelto. Todo lo contrario, es muy probable que fuese necesario, al menos, un tercer rescate a corto plazo.
Si a lo dicho hasta aquí añadimos que el segundo rescate de Grecia aún tiene que ser aprobado por los parlamentos de países, donde se ha discutido mucho la conveniencia o no de ejecutarlo,  como es el caso de Finlandia y Holanda (Alemania lo ha aprobado recientemente). Uno se puede preguntar el por qué se están haciendo tantos esfuerzos para evitar que Grecia quiebre. Incluso a sabiendas que puede no ser el último, que pueden fallar las expectativas de crecimiento del país, o que sea Grecia quien decida salir de la eurozona de forma unilateral. Solo hay una respuesta posible y es que no existe certeza de las consecuencias que puede acarrear para el resto de países de Europa y fuera de ella. No hay cortafuegos que asegure que no se traspasará el problema al resto de economías debilitadas y de ahí el efecto podría ser multiplicador afectando a otras economías más sanas. Por lo tanto, existe cierta tendencia a pensar que si Grecia quiebra podría afectar negativamente, más pronto que tarde, al resto de economías mundiales. Aunque no tiene por qué ser obligatoriamente así, la duda ha hecho que Europa haya optado por rescatar a Grecia.
Lo que sí es evidente es que con estas medidas se gana tiempo. Y este tiempo sí que merecería todo el esfuerzo pasado y futuro si se utiliza en varios frentes a la vez. En primer lugar, para fortalecer al resto de los Estados de la eurozona debilitados con medidas y objetivos realistas que se ajusten a las posibilidades de cumplimiento de cada país. Y en segundo lugar la Unión Europea debe ejecutar reformas estructurales en su propio funcionamiento. Europa debe pasar al siguiente nivel, convirtiéndose en una verdadera Unión Económica, Fiscal y Política. Para ello la creación de los Eurobonos no puede demorarse más. Hay que reestructurar ordenadamente la deuda soberana y la mejor opción es comenzar a sustituir bonos nacionales por bonos europeos con tipos de interés bajos en toda la eurozona. De esta forma estaremos comenzando a recorrer el camino hacia una Unión Fiscal y posteriormente a la creación de los Estados Unidos de Europa. 

miércoles, 22 de febrero de 2012

Europa tiembla

El poco optimismo que había está desapareciendo. Las caídas del euro y las oscilaciones drásticas de la bolsa han provocado que el estado de ánimo se haya ido apagando. En cuestión de días u horas, los mercados y los estados se verán afectados por temas ajenos a sus economías.
Da la impresión de que el país heleno ya no puede absorber ni una reforma más. También es posible que hayan decidido, conscientemente, esperar hasta el límite de tiempo que se había establecido para aprobar las reformas con las que ya se había comprometido con el resto de la Unión Europea (UE), manteniendo así la esperanza de que, al poner a Europa entre la espada y la pared, en el último minuto, pudieran conseguir quitas mayores y evitar aumentar el sufrimiento a su población. Si llegado el momento del segundo pago del rescate a Grecia, para evitar la quiebra del país, aún no se hubieran ejecutado las reformas pertinentes, la Eurozona se vería en la necesidad de dar un paso más hacia atrás por el miedo a la reacción de los mercados contra el resto de países de la eurozona a favor de Grecia.
Europa simplemente no se fía de Grecia. Sin rodeos, la troika llegó a confirmar que no creían en la capacidad de los griegos para cumplir los compromisos adquiridos. Por lo tanto no se estaba por la labor de seguir haciendo esfuerzos por el país heleno. El pulso claro y decidido de Europa le ha puesto en una situación muy comprometida. Es evidente que este mensaje era sinónimo de admitir que Grecia podía salir del euro. Las manifestaciones, los disturbios, las votaciones hasta altas horas de la noche, no han mejorado la situación de Grecia.
Con toda seguridad, el país heleno puede vivir dentro de la UE y fuera del euro. Sin embargo, ha elegido seguir intentándolo dentro de la eurozona. Desde mi punto de vista, llegar a un acuerdo in extremis, como ha ocurrido, nunca es bueno. En estos momentos no son argumentos económicos los que me llevan a manifestar que necesitamos una unión política, económica y civil en toda Europa. Grecia somos todos y es evidente que necesita cambiar, al igual que muchos otros países, incluida España, pero tenemos que ser capaces de entender que no se puede dar la misma medicina a todos para curar enfermedades distintas.
Sigo insistiendo en que necesitamos más UE hasta convertirnos en los Estados Unidos de Europa. Si una generación completa de griegos crece con el odio hacia la UE, por considerar que se les ha obligado a tomar una decisión que consideran injusta y que ha mermado y mermará sus posibilidades de crecimiento o calidad de vida, no hace falta que explique las consecuencias que en el medio plazo puede acarrear y ese odio se extenderá como la pólvora a los países en dificultades.
La crisis de la deuda soberana me parece una nimiedad en comparación con lo que se puede comenzar a engendrar si no somos capaces de evitarlo con sentido común, que nada tiene que ver con el sentido económico.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Necesitamos más Europa


Al principio de la semana pasada los mercados parecían confiar en que Grecia cumpliría con sus compromisos en los plazos establecidos, peroa mitad de semana, el país heleno daba signos de no tener los acuerdos necesarios para poder poner en marcha las reformas que ya se habían comprometido a ejecutar y el optimismo desapareció. Por ello, la semana terminó con caídas del euro con respecto al dólar, el índice de renta variable también retrocedió y el estado de ánimo general se fue apagando. En cuestión de días u horas, los mercados y los Estados se ven afectados por temas ajenos al día a día de sus respectivas economías. 
Da la impresión, y es muy probable que sea solo una impresión, que el país heleno ya no puede absorber ni una reforma más. También es posible que hayan decidido, conscientemente, esperar hasta el límite  de tiempo que se había establecido para aprobar las reformas con las que ya se había comprometido con el resto de la Unión Europea, manteniendo así la esperanza de que al poner a Europa entre la espada y la pared, en el último minuto, pudieran conseguir quitas mayores y evitar aumentar el sufrimiento a su población. Si llegado el momento del segundo pago del rescate a Grecia, para evitar la quiebra del país, aun no se hubiera ejecutado las reformas pertinente, la eurozona se vería en la necesidad, por el bien común, de dar un paso más hacia atrás por el miedo a la reacción de los mercados contra el resto de países de la eurozona en favor de Grecia.  
Pero la semana terminó con un mensaje al mundo bien claro. Sin rodeos, la troika confirmó que no había acuerdo, que no creían en la capacidad de los griegos para cumplir con los compromisos previamente adquiridos y que por lo tanto no se estaba por la labor de seguir haciendo esfuerzos por el país heleno. Europa simplemente no se fiaba de Grecia. Es evidente que este mensaje era sinónimo de admitir que Grecia podía salir del Euro y que no se iba a hacer ningún esfuerzo adicional por impedirlo. La pelota se quedó en el tejado de los griegos y solo ellos tendrían  que decidir qué deseaban hacer. El domingo fue muy largo para todos, pero especialmente para ellos. Las manifestaciones, los disturbios, las votaciones hasta altas horas de la noche. Probablemente ningún griego se pudo ir a la cama tranquilo.  
Grecia no esperaba encontrarse en esta situación. El pulso claro y decidido de Europa le ha puesto en una situación muy comprometida. Con toda seguridad, Grecia puede vivir dentro de la Unión Europea y fuera del euro. Sin embargo, ha elegido seguir intentándolo dentro de la eurozona. Me preocupa y mucho. Llegar a un acuerdo “in extremis”, como ha ocurrido, nunca es bueno para ninguna de las partes.  En estos momentos no son argumentos económicos los que me llevan a manifestar que necesitamos una unión política, económica y civil en toda Europa. Desde mi punto de vista, Grecia somos todos y es evidente que necesita cambiar, al igual que muchos otros países, incluido España, pero tenemos que ser capaces de entender que no se puede dar la misma medicina a todos para curar enfermedades distintas.  

Necesitamos más Europa hasta convertirnos en "Los Estados Unidos de Europa". Si una generación completa de griegos crece con el odio hacia la Unión Europea por considerar que se les ha obligado a tomar una decisión que consideran injusta y que ha mermado y mermará sus posibilidades de crecimiento o calidad de vida, no hace falta que explique las consecuencias que en el medio plazo puede acarrear. La crisis de la deuda soberana me parece una nimiedad en comparación con lo que se puede comenzar a engendrar si no somos capaces de evitarlo con sentido común, que  nada tiene que ver con  el económico. 
 

miércoles, 8 de febrero de 2012

La reforma financiera y los mercados


El señor de Guindos, el pasado jueves, dio a conocer la reforma financiera en España que, mediante Real Decreto, pretende sanear a los bancos de nuestro país. El objetivo principal es buscar soluciones a los problemas derivados del sector inmobiliario donde la banca se ha visto desbordada por sus innumerables activos problemáticos derivados de los créditos al promotor y la caída del sector.
Los medios de comunicación, y yo diría que también los mercados, hasta ahora han acogido la reforma financiera con entusiasmo. Con ella se obliga a los bancos a que a finales de este año, sean capaces de provisionar los activos inmobiliarios considerados problemáticos. Dentro de estos no sólo se encuentra el suelo, sino también las promociones inmobiliarias que no se han terminado y las que sí lo han hecho y no se venden. A cada activo dudoso se les exige una cobertura distinta: al suelo un 80%, a las promociones en curso un 65% y a las promociones que sí se han terminado un 35%. Si estas coberturas y sus respectivos tantos por ciento son o no suficientes el tiempo lo dirá.
En otras palabras, lo que el Gobierno pretende con esta reforma es que el valor de todos estos activos dudosos, con los que cuenta la banca, se refuercen a través de provisiones extraordinarias más un colchón de capital que sirva de apoyo a dicha cobertura. Los bancos reflejarán, a finales de este año, en sus balances la situación real en la que se encuentran y no en la que le gustaría encontrarse con activos que, a día de hoy, no valen lo que ponen sus cuentas.
Hasta aquí, parece sensato pensar que esta reforma es oportuna y muy necesaria si no estuviéramos en una economía cuyo crecimiento será negativo en los próximos meses, si los bancos fuesen capaces de reactivar el crédito a las pymes y familias a pesar de todo y si el desempleo se estabilizara o decreciera. Todos estos condicionantes, que individualmente parecen bastante complicados de conseguir en el corto plazo y más difícil aún si quisiéramos que se cumplieran todos a la vez, hacen dudar de la conveniencia del momento en ponerla sobre la mesa.
La presión que se ha añadido a los bancos en el corto plazo para poder hacer frente a las nuevas coberturas que tendrán que ejecutar antes de fin de año (si no hay por medio una fusión de entidades bancarias que permitiría una ampliación a dos años para su saneamiento) no afecta a todos los bancos por igual.  El Banco Santander, el BBVA y la Caixabank, se encuentran en mejor situación para cumplir sus nuevas obligaciones. Este martes, por la mañana, fueron capaces de comunicar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores las provisiones que tendrán que realizar para la aplicación de la nueva normativa. Ninguno de los tres parece tener grandes problemas para ejecutar el nuevo Real Decreto. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las demás entidades, lo que obligará a acelerar el proceso de consolidación dentro del sector. Seremos testigos de fusiones importantes quedando reducido, con toda seguridad, el número de entidades bancarias en España.
En el medio y largo plazo la reforma puede ayudar a restablecer la confianza en el sector e incluso atraer inversiones extranjeras una vez que los balances de la banca española se saneen. Pero el éxito o fracaso de esta reforma fiscal vendrá dado por la resistencia que pueda seguir soportando nuestra economía y la confianza que los mercados sigan dándole al país en el corto plazo. Si la caída del PIB en España es superior a lo esperado, los activos que hoy no son problemáticos se convertirán en dudosos y habrá que volver a provisionar en el 2013 y será un ciclo sin fin. Para que todo pueda comenzar a rodar es necesario reactivar el crédito y para ello los bancos tendrán que poder estar en condiciones de hacerlo. Volvemos a estar en manos de los mercados o quizás debería decir que es posible que no dejemos de estar en sus manos por mucho tiempo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La cumbre de los jóvenes y de las pymes


El ejecutivo español sigue en la senda de refinanciar sus deudas y el jueves colocó más de 4.500 millones en bonos a tres, cuatro y cinco años. Con ello se pretende aprovechar la buena racha con la que ha comenzado el año e ir acumulando liquidez para poder hacer frente a la gran prueba de fuego que tendrá que asumir en abril.  En esta fecha necesitará dar respuesta a vencimientos de deuda por valor de 21.311 millones de euros.  Esperemos que los mercados sigan con la misma dinámica y los resultados sigan siendo buenos. Esto demostraría que los mercados confían en nuestro país, a pesar de que el panorama cada vez se va poniendo más complicado.
Esta semana comenzó con la confirmación, por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE), de que la economía española había caído en el cuarto trimestre un 0’3%. En el cómputo anual, España tuvo un crecimiento en el 2.011 de apenas un 0´7%. En el 2012 la situación se complicará, aún más, si las previsiones se cumplen y entramos en una recesión.
Pero lo que realmente ha centrado la atención de todo el mundo ha sido la cumbre europea del lunes. Quizás lo más destacado, desde mi punto de vista, obviando la unión de la República Checa a la postura del Reino Unido sobre el pacto fiscal, ha sido  el lado más humano que han protagonizado los líderes de la Unión Europea.
Por primera vez la discusión se ha centrado en la necesidad de impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo como objetivo número uno. Hasta ahora la postura oficial era inequívoca, todos los países de la zona euro debían cumplir con el equilibrio presupuestario como única opción para luchar contra la crisis; sin embargo, el lunes se puso el énfasis en que las medidas tienen que potenciar el crecimiento económico. Nadie discute que lo óptimo es que ambos objetivos fuesen compatibles, siguiendo la vía de las reformas estructurales y gestionando mejor el gasto por parte de cada país miembro. Pero la duda que se ha sembrado comienza a dar sus frutos y los planteamientos ya no son tan tajantes.
En la búsqueda de potenciar el crecimiento económico y la creación de empleo se acordó que los fondos estructurales comunitarios disponibles se destinen a apoyar a las pymes y a programas de fomento del empleo juvenil. El caso español, donde la tasa de paro juvenil es la más alta de la Unión Europea, tuvo su propio protagonismo: la Unión Europea se comprometió a ayudar a ejecutar un plan de acción contra el paro juvenil en nuestro país. Estas medidas deberían afectar muy positivamente al mercado laboral de los jóvenes españoles desempleados.

Se está trabajando en un modelo laboral común para la zona euro que facilite el movimiento de trabajadores entre los diferentes países con un gabinete transfronterizo y orientador que facilite la búsqueda de empleo. Para conseguir dichos objetivos, es necesario mejorar la normativa comunitaria para el reconocimiento de títulos y cualificaciones profesionales. El objetivo es que los jóvenes europeos que terminen su formación dispongan, en un plazo máximo de cuatro meses, de una “oferta de buena calidad” para trabajar o continuar su formación. 


miércoles, 25 de enero de 2012

Balón de oxígeno para España



España atraviesa por la peor situación económica de los últimos 30 años. Aunque siempre he creído que los milagros económicos no existen, enderezar la economía nacional va a ser una misión muy complicada pero no imposible.
Tras la llegada del nuevo Gobierno, y la toma de sus primeras decisiones, resulta obvio que la situación económica, en los parámetros cuantificables, no ha mejorado. En las últimas dos semanas, España está igual de mal, o peor que en noviembre de 2011. Aumenta el desempleo, S&P baja la calificación de la deuda española, el FMI prevé que España entrará en recesión y un largo etc. Con tantas malas noticias, lo normal sería que los inversores huyeran de nuestro país y se refugiaran en otros más seguros y, sin embargo, la sorpresa es que los mercados están dando un balón de oxígeno a la economía española.
¿Por qué está pasando esto? Sería muy simplista pensar que los inversores se pusieron de acuerdo para abandonar al ex presidente Zapatero y apoyar, en estos momentos, al presidente Mariano Rajoy. Es evidente que hay muchos factores que influyen pero, principalmente, la diferencia entre uno y otro radica en la forma de gobernar. El Presidente está tomando decisiones rápidamente y no oculta que la situación es muy compleja, difícil y excepcional. Y a pesar de ello, los mercados están reaccionando positivamente, incluso mejor de lo que esperaban los más optimistas.
La primera prueba de fuego para el país se produjo con las emisiones del Tesoro en la que se consiguió colocar la totalidad a un coste inferior, casi a la mitad. Este resultado podría tener una explicación financiera sencilla que nada tendría que ver con quién gobierna este país. Por un lado, el Banco Central Europeo (BCE) está financiando a la banca con todo el dinero que necesite o desee al 1% y ésta tendrá que devolverlo dentro de tres años. Si el mismo banco decide comprar letras del Tesoro al 2’15%, ya está obteniendo una rentabilidad sin riesgo. Hasta aquí todo es lógico. Pero, ¿cómo se podría explicar la reacción del mercado en la subasta de deuda a cinco, siete y diez años? Recuerdo que las expectativas del Gobierno era colocar como máximo 4.500 millones de euros y el resultado final fue de 6.600. No encuentro otra explicación más allá de la credibilidad que el actual Gobierno pueda estar alcanzado en los inversores. Algo me hace pensar que las cosas, efectivamente, pueden cambiar y, de momento, ese algo, a falta de otros datos económicos, no es más que la confianza en la forma de gobernar. Esta podría ser la punta de lanza para que nuestro país consiga salir adelante.
A lo largo del presente año necesitaremos refinanciar la dolorosa cifra de ciento veinte mil millones de euros. De momento, el Estado está resolviendo bien sus compromisos. En el mes de abril será necesario colocar 21.311 millones de euros más. Entonces podremos ver si los mercados seguirán apoyando la gestión de Mariano Rajoy.
La confianza es un valor que se pierde muy rápidamente.