miércoles, 28 de septiembre de 2011

Mi columna en Expansión: Europa al límite

El pasado domingo en la reunión anual del Fondo Monetario Internacional en Washington la conclusión más extendida fue que Europa se encuentra al límite. No hay consenso para resolver los problemas y dar soluciones inmediatas. La prensa internacional se centra en las consecuencias que provocaría en la economía americana y en la de los países emergentes el supuesto de que Grecia no cumpla con sus compromisos y termine arrastrando a Italia y España.
Algunos analistas extranjeros reclaman al Fondo Monetario Internacional (FMI) que deje de tener un papel secundario. Desean que tome las riendas de la situación y lidere la gestión de la crisis, al considerar a Bruselas incapaz de ponerse de acuerdo y actuar rápidamente. Otros ven con buenos ojos que las naciones BRIC, es decir, Brasil, Rusia, India y China, sean las que rescaten a la zona euro en su conjunto. Hay que tener en cuenta que las exportaciones de Europa a estos países se encuentran en máximos históricos. Pero ni uno ni otro camino se deberían tomar.
Los europeos debemos resolver los problemas con nuestros propios mecanismos, el FMI debe ser un instrumento al servicio de nuestros objetivos, las exportaciones con los BRIC se deben afianzar incrementando la demanda de bienes y servicios que los europeos podemos ofrecer pero, aumentar las importaciones de capital de dichos países hacia Europa, sería una solución a corto plazo que nos dejaría en una situación peor que la actual. Los bancos centrales extranjeros tendrían que vender dólares para comprar euros, provocando que nuestra moneda se fortaleciera frente a la moneda americana y por lo tanto en el medio plazo, nuestras empresas se volverían menos competitivas, nuestras exportaciones caerían y el posible crecimiento de nuestra economía desaparecería. Por lo tanto, lo que en el corto plazo podría parecer una ayuda que permitiría a la desesperada Europa tener más capital, en el medio y largo plazo sus consecuencias serían muy negativas ya que provocaría un crecimiento más lento o prácticamente inexistente y mayor deuda externa. Es evidente que la conjugación de ambas situaciones no ayudaría a resolver la insolvencia de Europa.
Por su lado, España también tiene que hacer sus deberes. Ya se han disuelto las Cortes Generales. Hasta ahora, las decisiones que el Gobierno de Zapatero ha dejado de tomar, por falta de consenso y/o por la proximidad de las elecciones y el tan temido costo político, deberán quedar a un lado para que, a mediados de diciembre, el nuevo gobierno sea capaz de actuar con rapidez. Es necesario hablar claro. Los ciudadanos deben saber: qué se va a hacer, qué metas se persiguen, los porqués y cuáles serían las consecuencias previsibles de caminar en una u otra dirección.
Existe un recorrido de salida de esta crisis, eso sí, cada vez más estrecho, que permite el crecimiento equilibrado y sostenible en el tiempo. Los pasos deben ir encaminados hacia la recapitalización de la banca, el fortalecimiento del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (EFSF), cortafuegos para casos como el de Grecia y la unión fiscal Europea hasta alcanzar los “Estados Unidos de Europa”.

Tenemos que encontrar las soluciones dentro de nuestro continente con el apoyo del FMI y del Banco Mundial. En las próximas semanas se tomarán decisiones difíciles pero necesarias para garantizar el futuro del euro y de Europa. La austeridad como única vía no provoca crecimiento.

Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

lunes, 26 de septiembre de 2011

¿Se salvará el euro aunque Grecia quiebre?

Desde hace más de nueve meses no se habla de otra cosa que no sea de economía. Tanto la prensa escrita, como la radio y las televisiones no paran de darnos noticias sobre los últimos acontecimientos que afectan a la crisis de la deuda soberana, el posible incumplimiento de Grecia, las consecuencias que dicho incumplimiento podría provocar al resto de la zona euro, si será posible o no crear los euro bonos y si ha llegado el momento de caminar hacia una unión fiscal europea, entre otros.
En estos días, los analistas se preguntan si la quiebra de Grecia provocaría, o no, la desaparición del euro y, por tanto, el fracaso de la Unión Europea. Yuna vez más hay opiniones de todo tipo: quienes afirman que aunque Grecia salga del euro la moneda sí se puede mantener y los que piensan todo lo contrario.
Es evidente que Grecia necesita crecer para poder hacer frente a sus compromisos. Uno de los caminos para mejorar su competitividad consistiría en depreciar su moneda, es decir que el euro valiese menos, para poder vender más barato fuera y ser más competitivos. Sin embargo, son pocos los analistas que valoran esta opción, dando por hecho que mientras Estados Unidos se encuentre tan debilitado y Alemania siga siendo el motor de Europa no es viable hacerlo. Pero si los acontecimientos provocan que Grecia decida no pagar sus deudas o no pueda pagarlas, las consecuencias directas sobre su población serían terribles, ya que los funcionarios públicos no recibirían sus salarios, el Estado no podría mantener sus servicios públicos, los bancos griegos se colapsarían. El cierre temporal de algunos bancos y cajeros complicaría aún más las cosas y la posibilidad de que Grecia cuente con nuevos acreedores que le proporcionen liquidez quedaría muy lejana. El Banco Central Europeo, en este caso, no podría ser de gran utilidad, ya que se vería con las manos atadas al no poder aceptar los bonos soberanos de un país en quiebra como garantía y, por lo tanto, no podrían inyectar dinero a los bancos griegos. La única salida que le quedaría a Grecia sería crear su propia moneda y comenzar de nuevo.
Si llegáramos a esta situación de incumplimiento de Grecia, las consecuencias traspasarían sus fronteras. Los acreedores, temiendo que otros países de la periferia puedan terminar de igual forma, trasladarían sus dineros hacia mercados más seguros. La caída de los precios de los bonos soberanos complicaría aún más la situación de los bancos europeos y la confianza en las economías de la eurozona se vería seriamente comprometida. Por lo tanto, en estos momentos, si Grecia no cumple con sus compromisos, el resto de la eurozona se verá seriamente afectada hasta el punto que el euro podría desaparecer.
El objetivo de la zona euro debería ir encaminado a que, con las reformas estructurales necesarias y el apoyo de la troika, los países en dificultades y Grecia, en concreto, sean capaces de aguantar hasta el 2013, momento en el que entrará en vigor el mecanismo permanente de estabilidad europea, que permitiría actuar rápidamente en las economías que se puedan ir viendo afectadas. Durante este periodo, Europa debería concretar una nueva política fiscal donde haya menos soberanías y más Europa.
Si el país heleno pudiese llegar hasta esa fecha sin quebrar, una posible salida del euro se podría controlar con mejores herramientas que las actuales y no tendría por qué implicar ni la quiebra del país ni la desaparición del euro.


Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogado y licenciada en Ciencias Políticas. 
@errelu 

martes, 13 de septiembre de 2011

Mi columna en Expansión: Las manos atadas de Ángela Merkel

La semana pasada, la sentencia del Tribunal Constitucional de Alemania nos hizo pensar, por los titulares que se publicaron, que se trataba de una buena noticia para Europa, hasta el punto que los mercados reaccionaron positivamente dejando subidas considerables en las bolsas. En todos los titulares se podía leer que El Tribunal Constitucional avalaba la participación del país en el rescate a Grecia y la legalidad del Fondo de Estabilidad Europeo. Sin embargo, de la sentencia se evidencia que nos encontramos ante malas noticias para el euro, ya que el alto tribunal le ha dado un aval al gobierno germano condicionado, poniéndoselo, realmente, muy difícil.
La sentencia confirma que el ejecutivo alemán puede aceptar los mecanismos temporales tales como el EFSF (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) pero es mucho más restrictivo con los requisitos que debe cumplir un posible apoyo del gobierno en los casos de mecanismos permanentes, no aceptándolos cuando con ello el país se vea obligado a tener una responsabilidad continua con otros países. Tampoco es viable cuando los pasivos son muy grandes o incalculables y aún menos cuando los gobiernos extranjeros o los acreedores  puedan hacer valer su derecho al cobro ejecutando las garantías que pueda afectar a Alemania. Por otra parte, el Tribunal Constitucional le advierte que lo hecho hasta ahora con los compromisos aceptados por el ejecutivo alemán de rescate a terceros países se encuentra dentro de la legalidad por considerar que se trataba de situaciones de extrema urgencia, pero que, a partir de este momento, las nuevas aportaciones al fondo de salvamento deberán ser aprobadas por el propio Parlamento alemán, en concreto por la Comisión Presupuestaria del Bundestag. Esto implica mayor rigidez al sistema de apoyo del equipo de Ángela Merkel, poniendo en  serio peligro nuevos rescates, que  previsiblemente harán falta, como ha quedado evidenciado en lo  que está ocurrido en los últimas cuarenta y ocho horas.
Con todo lo anterior se puede interpretar que el Tribunal Constitucional alemán está cuestionando el Mecanismo de Estabilidad Europeo Permanente, que a partir de 2013 sustituirá al EFSF (mecanismo temporal) o, en el mejor de los casos, lo está considerado un caso “in extremis”. En ningún momento se habla directamente de los eurobonos en la sentencia, pero es contundente en advertir que es el Bundestag y no el Gobierno quien tiene la potestad de tomar estas decisiones y tratándose de un mecanismo claramente permanente sería considerado inconstitucional.
Por lo tanto, las conclusiones de esta sentencia no son positivas. En estos momentos, sin el apoyo del ejecutivo alemán decidido y rápido para los casos venideros, los riesgos de incumplimiento de uno o varios Estados miembros son muy ciertos. Me parece muy complicado que el Bundestag vote a favor de un nuevo rescate o acepte una recapitalización de los bancos o la compra de bonos. Con el voto negativo del Bundestag, quedará poco margen de maniobra al resto de la Unión Europea.
A pesar del discurso europeísta de Ángela Merkel de la semana pasada, es evidente que el Tribunal Constitucional alemán le ha atado las manos.  Para que los criterios y, por lo tanto, las sentencias del Tribunal Constitucional puedan suavizarse en el futuro, al ejecutivo alemán le quedaría intentar cambiar la legislación de su país y para ello necesitaría el tiempo que no tiene.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu