miércoles, 17 de agosto de 2011

El último partido del euro

El mes de agosto no va a ser fácil de olvidar. La deuda soberana de la zona euro, la desaceleración del pequeño crecimiento que existía, las declaraciones ambiguas e insuficientes de Trichet, los movimientos de las agencias de calificación (y sus consecuencias devastadoras para las Bolsas), la compra de deuda soberana en el mercado secundario por parte del Banco Central Europeo, la prohibición de las posiciones en corto, no han dado respiro, ni lo darán, en las próximas semanas.
Es cierto que las autoridades de la zona euro han dado algunos pasos para intentar resolver la crisis de la deuda soberana, pero no los suficientes para tranquilizar a los mercados. Al euro, se le ha mantenido con vida, pero aún sigue estando gravemente enfermo, y su posible cura dependerá de los pasos que se estén dispuestos a dar.
Bruselas se ha mostrado políticamente incapaz de manejar esta situación por la que se ve desbordada a diario. Los efectos colaterales que se prevén no solo afectarían a Europa, sino al resto del mundo, por lo que la preocupación se ha extendido a las grandes economías. El desconcierto económico global es de tal magnitud que los problemas en Europa  hay que tenerlos muy en cuenta pero no son, ni mucho menos, los únicos. Estados Unidos no se encuentra en mejor situación y China se enfrenta a elevadas tasas de inflación, anteriormente desconocidas que han provocado finalmente la apreciación de su moneda.
Si nos centramos en Europa, desde hace meses se lleva hablando de la necesidad de crear bonos europeos de los que respondan todos los países de la Unión con un tipo de interés menor. Hasta ahora, Alemania se había opuesto rotundamente a esta solución, sin embargo, Francia, que hasta ahora no había presionado lo suficiente, necesitó verse enredado en la rumorología y sufrir las consecuencias de los vaivenes de las Bolsas Europeas, para darse cuenta de que podrían, no solo los países rescatados y los llamados de la periferia, verse en situaciones muy comprometidas. La posibilidad de que Francia se vea sometida a una bajada de su calificación de triple A, al igual que ocurrió con Estados Unidos, ha provocado que intente acelerar los pasos. La reunión de la cumbre convocada por Francia y Alemania, con toda seguridad, se ha centrado en la necesidad de anticiparse a los mercados y en la creación de los eurobonos para evitar las consecuencias que conllevaría no hacerlo. De no actuar rápidamente, será necesario rescatar a España e Italia y provocaría el colapso definitivo del euro. Para impedirlo, se debe permitir que los países con dificultades económicas refinancien su propia deuda a intereses más bajos, similares a los de los países rescatados, y sólo parece viable, si se acepta la creación de eurobonos que reemplacen la deuda soberana. Si se tomase esta decisión, se estaría aceptando la creación de una política fiscal unitaria. Aunque Alemania crea que primero hay que hablar de unión fiscal europea y luego de la creación de los eurobonos, es consciente de que la puesta en marcha de estos dos factores tiene que ser de manera conjunta para no llegar demasiado tarde.
Se podría decir que la pelota está en el tejado de los países de la zona euro con calificación triple A, que queda poco para el final de este partido y que si no hay una reacción a tiempo, el euro puede ser eliminado.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

miércoles, 10 de agosto de 2011

Agosto nublado en todo el mundo


Este fin de semana todos los ojos se centraron en las bolsas de Oriente Medio ya que eran las primeras que tenían que hacer frente a la rebaja que sufrió la deuda estadounidense por la agencia de calificación Standard & Poor’s.
El sábado, en Arabia Saudí, se desplomó el 5,46%. El domingo, en Israel, se vivió con intensidad las primeras horas de su apertura y el resultado fue desastroso, tal y como se esperaba. Tel Aviv cerró el día con pérdidas cercanas al 7%. Algo similar ocurrió en Egipto, que cedió el 4,54% en escasos 15 minutos, y en Abu Dabi la bajada fue de 2,53%. Con estos escenarios, los miembros del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo estuvieron en contacto telefónico hasta bien entrada la noche del domingo, para intentar frenar lo que se consideraba inevitable: la llegada del terremoto financiero que alcanzaría a Europa y unas horas más tarde a Estados Unidos. La decisión de comprar bonos españoles e italianos fue capaz de reducir la presión de los mercados sobre la prima de riesgo de ambos países, pero no la caída de todas las bolsas europeas y americanas el pasado lunes. España consiguió cerrar con una prima de riesgo por debajo de los 300 puntos, pero la bolsa cedió 2,44%, a pesar de que en sus primeras horas fue capaz de subir el 4%. Y en Wall Street las pérdidas también fueron elevadas; de nada sirvió la intervención del mismo presidente de los Estados Unidos, que no fue capaz de tranquilizar a los inversores.
Es evidente que nos encontramos muy cerca del double-dip, una nueva recesión por producirse, una recaída en la supuesta recuperación. Lo que habría ahora que evitar es que la nueva recesión se convierta en una segunda depresión, ya que de ésta se tardará mucho más en salir. Hay muchos que opinan que los mercados no están reflejando la realidad, sino que son los propios mercados los que la están creando y se culpa a los especuladores de esta situación. Es posible que tengan razón, pero las fuerzas de los mercados tienen límites de aguante y estos límites ya han sido superados hace tiempo. Y es que, ante la ceguera de los dirigentes españoles y europeos (por nombrar solo a los que nos atañen), son los inversores con sus especulaciones o sus miedos los que van marcando los pasos que posteriormente provocan decisiones en nuestros mandatarios. Ni los políticos ni los economistas pueden pedir calma a los inversores que se juegan sus fortunas. Hay soluciones para Europa, pero hay que ser valientes hoy y afrontarlas cuanto antes.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

martes, 2 de agosto de 2011

Mi columna en expansión: El presidente acierta

No se puede decir que a los españoles nos haya cogido por sorpresa el adelanto electoral; es más, lo único que no teníamos claro era la fecha.
Si analizáramos los motivos que Zapatero ha podido tener para el adelanto de las elecciones es evidente que hay muchas explicaciones sólidas y seguramente que se entrelazan. El presidente se encuentra en una situación política muy complicada y las presiones le llegan por distintos frentes.
Es posible que el nuevo candidato del Partido Socialista Obrero Español le haya convencido de la conveniencia del momento, pensando en los futuros resultados electorales de su partido después de conocer los datos del barómetro del CIS (en el que el PSOE ha recortado en tres puntos la ventaja que le saca el Partido Popular).
O que haya analizado que para aprobar los presupuestos generales del Estado del próximo año tendría que contar con el apoyo de los partidos nacionalistas y las negociaciones, que no serían fáciles, desgastarían aún más al Gobierno. También podría ser que, analizada la situación económica de España, hubiera llegado a la conclusión de que no podía dilatar más esta situación de interinidad en la que se sostiene, ya que no logra obtener la confianza de los inversores.
Cualquiera de estas opciones, o todas a la vez, han podido motivar la decisión del presidente de acabar prematuramente la legislatura. Pero desde mi punto de vista, lo menos importante en este momento es saber los motivos, pues la decisión está ya tomada, pero sí es interesante intentar prever las consecuencias que para las fuerzas del mercado podrá tener el adelanto electoral en nuestro país.
Profundizando en este tema y haciendo un pequeño resumen de lo que ha ocurrido en los últimos meses, podríamos concretar que nuestro país ha pasado por momentos muy complicados en los que se ha visto muy castigado por la desconfianza existente en los mercados internacionales. No en vano, la prima de riesgo, hace escasamente unas semanas, llegó a situarse en 380 puntos básicos, el diferencial entre el bono de la deuda soberana española a 10 años y el equivalente alemán ascendió, de un día para otro, hasta alcanzar el 6,2 %, mientras que Alemania se situaba en el 2,5%. Las caídas en la bolsa han sido llamativas para luego volverse a recuperar tímidamente.
Todo este panorama me lleva a pensar que la decisión de Zapatero ha sido acertada. En lo que discrepo es en que no haya decidido cerrar la legislatura en agosto y de esa manera avanzar las fechas de los comicios para octubre. Esta situación de casi cuatro meses de incertidumbres no nos beneficiará.
Nuestro país necesita convencer a los acreedores de que somos capaces de ejecutar las reformas estructurales necesarias para que España recupere el crecimiento y llegue a alcanzar grados de competitividad similares a otros países europeos. El adelanto de las elecciones puede permitir creer en un cambio de gobierno que sea capaz de tomar las riendas de la situación.
Es previsible que, por el simple hecho de que se haya confirmado la fecha de las elecciones generales, la prima de riesgo del país pueda bajar hasta situarse en cifras soportables, incluso por debajo de los 200 puntos básicos. Se podría entender que los mercados estarían dispuestos a dar un margen de confianza a nuestro país, hasta que el nuevo Gobierno, independientemente del partido que sea, tome las riendas de la situación y demuestre su capacidad de gestionar con agilidad y eficiencia contando con el respaldo que da las urnas.


Decisiones insuficientes
A España, junto con los países de la periferia de Europa, e Italia no les ha venido nada bien que las decisiones que se tomaron el jueves de la semana pasada por los líderes de la eurozona no llegaran más lejos y se centraran, simplemente, en la dirección de afrontar el segundo rescate de Grecia y un ‘plan Marshall’ para favorecer el crecimiento económico de ese país.
Se esperaban por parte de la Unión Europea acuerdos que afectaran a las estructuras de la propia Unión y que se establecieran mecanismos de control de las políticas económicas y fiscales de los países miembros. Se han vuelto a posponer decisiones importantes y necesarias, que lo único que ponen de manifiesto es que Europa está en una situación de vulnerabilidad en la que los países miembros parecen no tener claro cuál debe ser su futuro. Por lo tanto, lo lógico será que los mercados reaccionen contra los eslabones más débiles de la cadena, y entre esos eslabones se encuentra España.
Es más que previsible que las agencias de calificación como Moody's, tal y como ya ha advertido, tengan en mente volver a bajar la calificación de la deuda española y sólo el hecho de haber hecho público ayer el adelanto de las elecciones en España puede mitigar el riesgo. Por otro lado, si realmente se consigue que los mercados le den un respiro en estos meses a España, hasta que se forme un nuevo gobierno, la bolsa se estabilizará, permitiendo que las cajas, que se están reestructurando en estos momentos y estrenando en el parqué, puedan afrontar la transformación con éxito.
El nuevo Gobierno comenzará su andadura a principios del año 2012 y hasta entonces, hasta que se celebren las elecciones, quedan muchos meses en los que el presidente debería proponer crear un gabinete de consenso en el que participen todos los partidos para que España sea capaz de dar la imagen de unión y decisión de cambio que piden los agentes externos. Este acuerdo por España no sólo debe ser deseable, sino posible.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu