miércoles, 20 de julio de 2011

Mi columna en el Diario de Avisos: Los Estados Unidos de Europa

Si el objetivo que tienen en mente los líderes europeos es mantener la Unión Europea y consolidar el euro, no hay otra solución que aceptar cuanto antes, que no es posible seguir como estamos, independientemente de la crisis de las deudas soberanas. No se puede mantener la moneda única sin que exista una coordinación de las políticas fiscales de los estados miembros.
Europa necesita darse cuenta de que ha tocado fondo para salir fortalecida de esta situación. Como en las guerras, cuanto antes un país acepta que ha perdido la batalla, menos sufrimiento provocará en sus soldados, lo mismo deberían hacer los estados de la eurozona, deberían darse cuenta de que no existen más opciones, que el tiempo se acaba y la paciencia de los mercados también. En esta guerra, está claro que no va a haber ningún país europeo claramente vencedor, todos tendrán que perder, para que el conjunto de la Unión Europea, pueda ganar credibilidad y fortaleza. En mi opinión, en estas próximas semanas, se tienen que tomar las decisiones que cambien el rumbo de la Europa que conocemos, no sólo porque es necesario, sino también porque es un buen momento para hacerlo. Estados Unidos se encuentra tan debilitado o más que Europa y los países asiáticos tienen los ojos puestos en la evolución de ambas economías para posicionarse.
Podríamos utilizar la imaginación para proponer que nuestro sistema político se unifique pasando de ser “los Estados Desunidos de Europa” a “los Estados Unidos de Europa”. A Alemania no le va a quedar más remedio que aceptar esta opción o vender nuestra alma a China y que sea el país asiático la que comprando, poco a poco, las deudas soberanas de los países más débiles, salve a la unión monetaria, con todo lo que ello puede implicar en un futuro muy cercano. A China no le conviene un descalabro europeo y si China lo tiene claro buscará la manera de evitarlo. Lo realmente extraño es que los europeos tardemos tanto en entenderlo.
La solución que se está esperando de las autoridades europeas es económica, principalmente, pero esta lleva implícita una solución política.Conseguir que la Unión Europea tenga claro que va a convertirse en “Los Estados Unidos de Europa”, puede ser una opción que permita transmitir a los mercados una decisión política unánime, que tanto se necesita en estos momentos y que se traduciría inmediatamente en los mercados. Es necesario comprender que, Grecia y probablemente también Irlanda y Portugal, tendrán problemas de solvencia para cumplir con sus compromisos adquiridos y que el conjunto de la eurozona deberá comprometer más fondos para estabilizar los mercados de la deuda. No se trata de seguir financiando el problema de los países periféricos, porque esa financiación habría que prolongarla en el tiempo y no sería sostenible porque terminaría minando el crecimiento de los países de la eurozona que van bien. Se trata de aceptar que hay que reestructurar ordenadamente la deuda periférica y la mejor opción es comenzar a sustituir bonos nacionales por bonos europeos con tipos de interés bajos para toda la eurozona. Provocar el crecimiento de los países que están con dificultad, cumplir los compromisos de control del gasto, entre otros e ir reduciendo el déficit público.
Las autoridades europeas deben salir con un mensaje inequívoco en el que quede plasmado el compromiso de solidaridad entre todos los Estados miembros y, por lo tanto, debe trasmitir que no aceptará el fracaso económico de cualquier país porque sería el fracaso de la Unión. Si se llega a un acuerdo político, será más fácil ir encaminando los acuerdos económicos hasta alcanzar la unión fiscal de Europa y más tarde “Los Estados Unidos de Europa”.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

martes, 19 de julio de 2011

Mi columna en Expansión: Un respiro más para el euro

Aunque el sentimiento generalizado que existe en todo el mundo sobre las agencias de calificación es de desagrado, y concretamente en Europa es de enfado mayúsculo, no se puede culpar de la crisis de la deuda soberana de los países de la eurozona a dichas agencias. Es cierto que agravan el problema, pero no es menos cierto que la economía europea lleva muchos meses en una situación muy delicada. Hasta ahora, se estaban buscando soluciones a problemas concretos, haciendo rescates a países europeos de menor tamaño sobre todo para ganar tiempo y tratar de calmar las fuerzas de los mercados. Pero, desde mi punto de vista, la convocatoria de una reunión extraordinaria previa a la del Eurogrupo tampoco ha facilitado las cosas, menos aún para Italia y España. Aún me parece más preocupante, que una vez terminada  la reunión del Eurogrupo, se haga una declaración de intenciones y se pospongan las decisiones unas semanas más. Resulta extraño que las instituciones europeas no se den cuenta de que precisamente, lo que no tenemos es tiempo, ni credibilidad. Y estos pasos dados sin rumbo aparente, provocan que los mercados interpreten que existe vulnerabilidad y que las propias instituciones no tienen claro qué es lo que deben hacer, ni con Grecia, ni con el futuro que desean para Europa en su conjunto. Es cierto que, los Estados fuertes del euro tienen más que decir que los débiles, sin que por ello se les tenga que culpabilizar de todo, España no se puede quedar de brazos cruzados esperando la respuesta de los demás.
La historia está llena de ejemplos en los que la política nunca ha podido frenar las fuerzas de los mercados eternamente, yo diría incluso, que en esta ocasión, se está aguantando bastante. Fue suficiente que en  la reunión del Eurogrupo, no se alcanzaran los acuerdos para Grecia y que Moody’s rebajara, una vez más, la calificación de la deuda española, para que la eurozona se precipitara al caos el pasado martes.
España no es la única que se está viendo afectada por: la indecisión europea; la desconfianza y la falta de liderazgo político en Europa; las agencias de calificación y la incertidumbre de los resultados del test de resistencia de los bancos. En escasamente una semana los acontecimientos se han ido desencadenando. Primero tiraron por tierra las propuestas que planteaban Francia para dar salida a la crisis de Grecia, por considerar que las mismas implicarían que el país heleno no había sido capaz de afrontar sus deudas y por lo tanto su calificación sería muy negativa. Posteriormente la deuda soberana de Portugal  vio rebajada su calificación a la de bonos basura; al mismo tiempo, la amenaza cayó sobre Italia, que hasta ahora milagrosamente pasaba desapercibida; y por último le tocó el turno a España e Irlanda.
Europa se encuentra en una crisis económica sin duda alguna, pero se evidencia cada vez más una crisis, aún mayor, de liderazgo político y de mando que sepa asumir y ejecutar las pocas opciones que le van quedando. Hasta ahora, los rescates que se han ejecutado han sido parches encaminados  a tranquilizar los mercados, pero ahora, los casos de Italia o de España, podrían provocar la caída del sistema económico europeo, en un corto plazo de tiempo. Es necesario tomar decisiones y ejecutarlas sin dilación, si el deseo de todos es mantener el euro, en lo que parece que sí están de acuerdo la inmensa mayoría de los estados miembros.
Trichet ya no se encuentra solo cuando demanda una política fiscal y la creación de un Ministerio de Finanzas europeo. Nos acercamos al momento de unificar los bonos nacionales por bonos europeos con una tasa de interés común, de los que responda el conjunto de la unión europea. Aunque el camino esté lleno de obstáculos,  estaríamos dando los primeros pasos hacia una unión fiscal y posteriormente tendría que llegar un federalismo europeo. De esta manera se podría recuperar no solo la economía, sino también la confianza en la Unión Europea, que tan quebrada está.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

Las agencias de calificación

El sentimiento generalizado que existe en todo el mundo sobre las agencias de calificación es de desagrado, pero en Europa, yo diría que el enfado es mayúsculo. No se entiende la credibilidad que los mercados le dan aún a las agencias que, en esta semana han puesto en vilo a toda la zona euro. No debemos olvidar que se trata de las mismas que no fueron capaces de detectar que el banco Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión en Estados Unidos y con una antigüedad considerable, pudiera quebrar. Es más, la calificación con la que contaba poco antes de caer era extraordinaria, alcanzando máxima consideración de solvencia y seguridad. Sin embargo, a pesar de que los hechos podrían, por si solos, haber desprestigiado sus análisis sobre la situación de las diferentes instituciones públicas o privadas, lo cierto es que los mercados son tozudos y no solo están dispuestos a oírles sino que además tienen muy en cuenta los pronósticos que plantean. Bastó que Moody’s rebajara, una vez más, la calificación de la deuda española para que se precipitaran los acontecimientos. Podemos asegurar que en estos días, España está pasando por el peor momento de los últimos meses, con el riesgo país en máximos históricos superando los 325 puntos y caídas en las bolsas que la vuelven a situar por debajo de los 10.000 puntos y por si fuera poco, la rentabilidad de la deuda española a 10 años está próxima al 6% mientras que la de Alemania se sitúa en el 2,69%.
Pero España no es la única que se está viendo afectada por la agencias de calificación. Primero tiraron por tierra las propuestas que planteaban Francia y Alemania para dar salida a la crisis de Grecia, por considerar que las mismas implicaban que el país heleno habría quebrado y que por tanto su calificación sería muy negativa. Posteriormente calificó la deuda soberana de Portugal de bonos basura y por último la amenaza cayó sobre Italia.
Los mercados también están castigando a Italia, donde los intereses para la financiación de su deuda alcanzan cifras récord desde el pasado viernes. Italia tiene un crecimiento muy débil, su endeudamiento es elevado y se teme un mal resultado del test de estrés de la banca italiana.
Las instituciones europeas pretenden frenar esta situación que desestabiliza, aún más, la ya de por sí difícil situación económica de Europa. Y a pesar de que el pasado lunes no se ha llegado a ninguna conclusión, se trabaja, simultáneamente en varios frentes, para que a finales de julio se pueda dar una solución global para no tener que ocuparse individualmente de un país tras otro. Sigue siendo necesaria una solución rápida. Hasta ahora, los diferentes rescates que se han ejecutado iban encaminados  a tranquilizar los mercados ante los problemas de pequeños Estados, pero ahora, el caso de Italia o de España, podría provocar la caída del sistema económico europeo, en un corto plazo.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

martes, 5 de julio de 2011

Las fuerzas del mercado

Grecia ha conseguido ganar tiempo y de momento, solo eso, tiempo. El pasado fin de semana se aprobó la entrega, con rebaja, del último tramo del primer rescate. Con ello lo único que se ha logrado es poder respirar y tener algo más de margen para ejecutar un plan controvertido. Europa tendrá que replantearse sus políticas y Grecia demostrar que realmente está dispuesta a transformar su maltrecha economía, ajustarse el cinturón y con ello salir de la crisis en el medio y largo plazo.
Hay muchos que opinan que el país heleno nunca podrá hacer frente a su deuda y que tarde o temprano caerá, y ciertamente, hay motivos para creer que puede suceder. Pero afortunadamente, desde mi punto de vista, este pronóstico, no tiene por qué hacerse realidad. Grecia necesita tiempo para adquirir credibilidad y evitar las altas tasas de interés que provocaría una carga excesiva de la deuda que, a su vez, la llevarían a un incumplimiento futuro de sus obligaciones. Sin embargo, estoy convencida de que sería capaz de hacer frente a sus obligaciones, si pudiera contar con una tasa de interés de su deuda similar a las de Alemania o Francia. Como precisamente es tiempo lo que no tiene, es posible plantear que la eurozona acepte que, en su segundo rescate los plazos que se planteen sean largos y el tipo de interés que tenga que pagar se aproxime al 3% y se mantengan durante todo el periodo en tipos bajos. Además Grecia necesitaría crecer económicamente, al menos, un 3% anual y la deuda contraída en el primer rescate ser renegociada parcialmente ampliando sus plazos. De esta manera, sería posible que los mercados recuperaran la confianza en la zona euro y Grecia podría pagar su deuda a largo plazo. Esta opción de bajar los tipos de interés fue bien vista recientemente por Axel Weber , ex presidente del Bundesbank, que comentó: “es evidente que los países tienen más que perder en el caso de que Grecia entre en quiebra o salga del euro, de forma desordenada, que asumir esta tasa de interés”.
La historia nos demuestra que las fuerzas del mercado siempre son más fuertes, a la larga, que toda la voluntad política que pretende contenerla. Los mercados están muy atentos a los pasos que se dan en Europa para gestionar la crisis y los parches no van a ser aceptados indefinidamente. Standard & Poors, la agencia de calificación crediticia, lo ha dejado claro este lunes, las soluciones que se están planteando hasta ahora para resolver la crisis de los bonos soberanos de Grecia, los considera tóxicos y por lo tanto dichos créditos, llevarían a la calificación de quiebra a Grecia. Se espera de Europa contundencia en sus decisiones y que sea capaz de medir bien los tiempos que disponen para ejecutarlas. Si realmente el objetivo es mantener la Unión Europea, ha llegado el momento de intentar unificar los bonos de la zona euro con una tasa de interés común, no solo para el caso de Grecia. Con ello se estarían dando los primeros pasos hacia una unión fiscal y posteriormente a un federalismo europeo.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu