martes, 28 de junio de 2011

Grecia y sus contagios

Seguimos hablando de Grecia y es que no es para menos. En Europa, la prensa económica se centra en las noticias de la delicada situación en la zona del euro y en sus posibles contagios. Como ya he comentado en algunos artículos anteriores, los países de la eurozona más expuestos son, precisamente, Francia y Alemania. Sin embargo, el Reino Unido, que no se encuentra expuesto directamente a la deuda griega, considera en riesgo la estabilidad de su sistema financiero, según un informe del Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra, y aconseja a los bancos que retengan beneficios para poder afrontar los problemas que puedan surgir con la crisis de Europa.
Esta vez, la preocupación no se queda exclusivamente en Europa, sino que se ha extendido a Estados Unidos. Barack Obama advierte de que la crisis de la zona euro puede pasar factura al resto del mundo. Los informes económicos que se manejan consideran que el problema de la eurozona no es Grecia. Según sus analistas, Europa podría asumir, sin duda alguna, las pérdidas que provocaría la quiebra del país heleno; sin embargo, consideran que el verdadero peligro, del sistema financiero europeo se encuentra en los contagios que una posible quiebra griega pueda ocasionar. Los americanos ven como una amenaza real a España, si se contagia de Grecia. España arrastraría a Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, y llegados a este punto, comenzarían los problemas para el resto de la economía mundial.
Por este motivo, es evidente que no hay ningún país europeo que se quiera quedar al margen en la búsqueda de soluciones, ya que los problemas de uno serían en breve los problemas de todos. El primer reto que hay que superar es el de Grecia; el segundo (yo diría que en paralelo) fortalecer la economía española, para evitar males mayores, y por último, buscar los mecanismos que impidan que Europa se vuelva a encontrar en una situación como la actual. Ya se ha hablado ampliamente sobre las posibilidades y las condiciones que Grecia tendrá que asumir para ser rescatada, pero todos damos por hecho que se hará y pronto. Las necesidades de reformas estructurales contundentes y efectivas para España vendrán dadas por la propia Unión Europea, ante la pasividad de un gobierno en España con sensación de interinidad.
Se está viviendo un momento histórico en la Unión Europea, en la lucha por su supervivencia. El parlamento griego aprobará, en estos días, el nuevo plan de ajuste, con o sin el grupo de la oposición. Pero lo que sí se está analizando y estudiando es cómo engranar los mecanismos que impidan que la Unión Europea se vuelva a ver en una situación similar. Las reglas de disciplina presupuestaria para todos los estados miembros, las alertas tempranas de los desequilibrios macroeconómicos y el control de las políticas fiscales de cada país de la zona euro comienzan a cobrar vida. No será un camino fácil, pero no hay otro mejor. Entre todos estamos avanzando hacia la unión política y fiscal de Europa.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

jueves, 23 de junio de 2011

El papel alemán

Alemania y el Banco Central Europeo han tardado en decidir la forma en que aceptarán un nuevo rescate de Grecia. Alemania exigía como “condición sine qua non” que los inversores privados se involucrasen en el proceso. La posibilidad, real, de que no se llegara a un acuerdo provocó caídas en las bolsas y un aumento de la prima de riesgo que afectó, principalmente, a los países considerados de la periferia, de la que España no termina de salir y donde Italia ha entrado en las últimas semanas.
El viernes pasado, Merkel, después de una reunión con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, daba un paso hacia un lado, permitiendo que los acreedores griegos suscribieran, “de manera informal y voluntaria”, nueva deuda, según vaya venciendo la que tienen en cartera y no asumiendo más riesgo con el país, si no lo desean. La eurozona y los mercados bursátiles cogieron aire…
Se dio por hecho que el pasado fin de semana, salvadas las grandes diferencias, el Ecofin sería capaz de llegar a un acuerdo de entrega del quinto tramo del primer rescate de Grecia, y que se centraría en los tiempos y formas para el segundo rescate. Pero el lunes amanecimos con otra noticia: habían decidido aplazar la toma de decisiones sobre el país heleno hasta julio. Ello ha provocado, una vez más, incertidumbre en los mercados, y las bolsas volvieron a perder posiciones.
En mi opinión, es realmente significativo y elogiable el cambio de rumbo de Angela Merkel. Ella es consciente de que su decisión le provocará un gran desgaste político, pero ha hecho lo que tenía que hacer. La canciller parece que ha aceptado que no puede seguir tensionando la zona euro. Si Grecia llega a la situación de no poder hacer frente a sus compromisos de pago, las consecuencias inmediatas son evidentes: Grecia abandonaría la Unión Monetaria, provocando un colapso inmediato, no sólo para su país. En la caída arrastraría, en primer lugar, a los países considerados de la periferia y, posteriormente, a toda la zona euro, provocando una enorme desconfianza entre los actores económicos y una nueva crisis mundial, cuyas consecuencias no queremos ni imaginar. Una quiebra griega tendría efectos peores que la que provocó Lehman Brothers, que aún perduran. Alemania sabe que su economía no quedaría al margen de dichas consecuencias, pero, quizás, también hay otro tipo de sentimientos que se mezclan. Merkel no quiere cargar con el peso de la historia, ni que alguien la pueda señalar como la principal causante del hundimiento de la Unión Europea debido a las tensiones de Alemania.
Una vez asumido que es necesario poner fin a la crisis Griega y pronto, es muy probable que Alemania siga dando pasos que, hasta ahora, eran impensables: aceptar una prolongación del plazo de la deuda griega, una condonación parcial de ésta… El tiempo lo dirá. Pero el tiempo corre en contra de Europa.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

miércoles, 15 de junio de 2011

Menos soberanía y más Europa

Hace unas semanas, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, en su agradecimiento por el Premio Carlomagno, dejó caer unas observaciones que no han pasado inadvertidas. En medio de las tensiones que se viven en la eurozona con el nuevo rescate de Grecia, dejó claro que el sistema empleado para el control de las políticas económicas de los países miembros que han venido utilizando hasta ahora ha fallado. La dialéctica de vigilancia, las recomendaciones y las posibles sanciones no han sido suficientes para controlar las políticas económicas y fiscales de todos los Estados de la zona euro. Y aún se atrevió a decir más: considera que las autoridades europeas tienen la obligación de influir en las políticas económicas de los países miembros.
A buen entendedor, pocas palabras bastan. Si profundizamos sobre el tema, Trichet criticó que actualmente sí existe una unión política lo suficientemente fuerte como para impedir que un país entre o salga de ella cuando quiera, pero, sin embargo, es demasiado débil para controlar las actuaciones que cada país pueda realizar poniendo en peligro la estabilidad de los demás integrados en la zona euro. No se trata de una crítica novedosa. Desde la época de la unificación monetaria, más de una voz autorizada planteó que una unión monetaria no era viable si no existía una unión fiscal y que a la larga daría problemas. Y éstos llegaron con la crisis….
Si estamos de acuerdo en que esta situación tiene que cambiar y que podemos asumir que los Estados de la eurozona acepten una pérdida parcial de su soberanía en política fiscal, tendríamos que crear un nuevo órgano independiente que represente a la zona euro en las instituciones europeas, con una administración propia y con capacidad de anular las políticas nacionales si entraran en conflicto con los intereses de la zona euro. ¿Se pueden imaginar lo que significa que un ente comunitario sea capaz de dejar sin efecto las políticas nacionales cuando entren en conflicto con los intereses generales de la zona euro? Este organismo puede ser algo similar a una Secretaría Económica Permanente de la Unión Europea. Desde mi punto de vista, las reglas del juego tienen que estar bien definidas desde el principio. Es decir, hay que tener claro qué actuaciones contribuyen a reducir los desequilibrios macroeconómicos de la eurozona y, si dichas medidas no influyen, pueden considerarse dentro del ámbito de actuación de las soberanías nacionales. A nadie se le escapa que con esta posibilidad, la soberanía de los estados miembros queda mermada y en suspenso hasta que dicho ente comunitario determine el nivel de implicación que va a tener cada decisión nacional. Además, para que fuese efectivo, es necesario dar soluciones a los inconvenientes que ya creemos que pueden surgir, dada la experiencia vivida con nuestras instituciones. Por un lado, hay que minimizar el tiempo necesario para la toma de decisiones, permitiendo a dicho ente comunitario ser ágil, y por otro, el tamaño que tendrá que tener para, precisamente, dar respuestas rápidas a todas las políticas fiscales que pretenda cada Estado de la zona euro llevar a cabo. En este caso, lo más importante es la transparencia que debe existir por parte de todas las soberanías y lo de menos es la cantidad de dinero que habría que destinar para su creación, porque el no hacerlo cuesta mucho más.
En mi opinión, una política fiscal común es fundamental para que la Unión Europea pueda tener futuro y, por lo tanto, la creación de un ente independiente con competencias para aprobar o rechazar las medidas económicas de todos los Estados (si entraran en conflicto de intereses con la zona euro) estaría justificada.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu

miércoles, 8 de junio de 2011

Hacia la unidad fiscal de Europa

En los últimos artículos que he escrito sobre la situación en la que se encuentra la zona euro con la crisis de los bonos soberanos, comentaba que iba siendo necesario considerar la opción de buscar mecanismos que potencien la unión fiscal para Europa. En ningún momento creí que fuese posible en el corto plazo, pero los acontecimientos se van precipitando y el principio de esta unión ya no parece tan lejana, y se puede producir por la vía de los hechos consumados.
Desde que se destaparon los problemas que tenía Grecia para hacer frente a sus compromisos económicos, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional no han parado de analizar las posibles alternativas y las consecuencias que, para el conjunto de la eurozona, puede tener cualquiera de las opciones planteadas. El objetivo sigue siendo escoger la solución menos mala. Por un lado, la salida de Grecia de la moneda única ha quedado descartada, al menos de momento. Por otro lado, la posibilidad de una quita encaminada a que los acreedores disminuyan el capital pendiente de pago o a reducir los tipos de interés supondría unas pérdidas muy elevadas y un precedente para que Irlanda y Portugal sigan esos pasos en el 2014. Una tercera opción, como ya he comentado en otro artículo, consiste en canjear los bonos griegos por los futuros del Mecanismo Europeo de Estabilidad, convirtiéndose en “bonos de la eurozona”, pero esta iniciativa parece que no ha calado lo suficiente y Alemania de entrada la descartó.
Por último se ha analizado la posibilidad de ampliar las ayudas a Grecia, pero con otras condiciones. De la crisis helena parece que se ha aprendido la siguiente lección: los errores en la política económica de un estado de la eurozona provocan que los contribuyentes del resto de los estados miembros tengan que pagar sus deudas, y no se quiere volver a dar el mismo paso en falso.
Es muy probable que en la reunión que está prevista para el 23 y 24 de junio de los máximos dirigentes europeos se dé una respuesta a la situación de Grecia, y todo apunta a que se decantarán por la última opción. Grecia recibirá 60.000 millones de euros más, y éstos se añaden a los 110.000 millones del año pasado. Las condiciones de este nuevo préstamo no serán las mismas que las del primer rescate, que se trataba de un préstamo reembolsable.
Es la reincidencia de Grecia la que ha provocado que la Unión Europea no esté dispuesta a seguir entregando dinero sin poder tener el control real de las actuaciones fiscales del país, para garantizar la devolución de éste. Si fuera así, Grecia tendrá que aceptar una pérdida de la soberanía y permitir a Bruselas que intervenga en su economía, soportando una supervisión europea en asuntos como la recaudación de impuestos, el plan de privatizaciones y la gestión de la sanidad, entre otros.
Como consecuencia, la Unión Europea tendrá la capacidad de intervenir en el caso de una indisciplina fiscal. Este puede ser el primer paso que permita evolucionar hacia la unidad fiscal europea.
En los próximos artículos hablaré de la propuesta que el propio presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, realizó en el discurso de recepción del Premio Carlomagno, y de sus posibles consecuencias para la eurozona. Políticas encaminadas a una Unión Europea más fuerte, si se decide seguir por este camino.



Raquel Lucía Pérez Brito
Economista, abogada y Licenciada en Ciencias Políticas
@errelu