martes, 19 de junio de 2012

¡Así no hay quien viva!

Una vez que supimos que el pueblo griego había dado el respaldo al euro en sus elecciones generales, parecía lógico pensar que podríamos tener algo de tranquilidad. El lunes a primera hora los mercados abrieron en verde y con una euforia que pronto se desvaneció. El motivo, según parece, fue que los mercados esperaban una acción coordinada de los bancos centrales que no se produjo, precisamente porque los resultados en Grecia permitían dar un margen de tranquilidad. Esa acción coordinada que se esperaba no era otra que intentar paliar el posible caos financiero que se hubiera podido producir si todos los europeos decidían retirar los fondos de los bancos en el caso de que en Grecia los resultados electorales hubieran sido distintos.
Con esta nueva situación, los mercados de pronto consideraron que Grecia ya no era el problema principal de la jornada y desviaron su atención hacia España. Conocer el dato de la morosidad en la banca española, que se ha situado en el 8’8%, el más alto en los últimos 18 años, tampoco ha ayudado mucho. En conclusión, esto provocó que el bono español alcanzara el nivel crítico del 7% y la prima de riesgo alcanzara 570 puntos, batiendo récords. Ahora los ojos están puestos en la cumbre del G-20, donde se espera que los europeos, que pertenecen al grupo, pueden dejar claro que Europa está unida y que la unión fiscal será el siguiente paso inequívoco para poder llegar a concretarla con eurobonos.
Los Estados Unidos de Europa, del que tanto se ha hablado, no es una opción más, visto los acontecimientos como se precipitan, se trata de la única opción que puede permitirse, en estos momentos, la Unión Europea. Si las decisiones se retrasan, las consecuencias para España serán muy duras. España no podrá crecer y si lo hiciera estaría sometida al pago de unos intereses tan elevados que no podría soportarlo de ninguna manera. Por ello, no es de extrañar las peticiones continuas que nuestro Gobierno está haciendo a las instituciones europeas, y más concretamente al Banco Central Europeo, para que intervenga urgentemente y relaje la tensión que los mercados están provocando en nuestro país. No hacerlo es sinónimo de permitir que existan dudas sobre la capacidad de recuperación de la economía española y, por ende, sobre el futuro del euro. Es difícil saber qué más puede hacer España para convencer a sus interlocutores europeos de la necesidad de actuar rápido y de forma contundente.
Lo que sí parece razonable que todos entiendan es que con la prima de riesgo en estos niveles, España no podrá soportarlo. Y si cae España los demás vienen detrás y ninguno de nuestros socios europeos saldrá beneficiados de esta situación. Era imprevisible que después de los resultados electorales favorables de Grecia los mercados nos fueran a castigar de esa manera. ¡Así no hay quien viva!
*Economía, abogada y licenciada en Ciencias Políticas | @errelu

lunes, 18 de junio de 2012

“El contubernio de Münich de 1962”

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir, en la Casa de América, a unas jornadas  dedicadas a recordar lo acontecido en Münich en el IV Congreso Internacional del Movimiento Europeo. El objetivo global del congreso era estudiar la democratización de las instituciones europeas y los medios necesarios para la creación de una Comunidad Política, capaz de impulsar realmente la construcción de los “Estados Unidos de Europa”.  Para ello, entre otros, se había organizado un coloquio dedicado al análisis de la situación española. Con dicha excusa,  la ciudad alemana fue testigo de cómo 118 españoles pertenecientes a todas las fuerzas de la oposición al franquismo se reunían. Era la primera vez que, después de la Guerra Civil, se escenificaba una reconciliación nacional de ese nivel. Los españoles que acudieron a dicha reunión militaban en las filas de partidos monárquicas, democristianos, liberales, socialistas, nacionalistas del País Vasco y de Cataluña y hasta había dos comunistas, que estuvieron por los pasillos sin poder formar parte del Congreso, pero allí estaban. Al hacerse posible que en una mesa representantes de tan distintos partidos  fueran capaces de superar los recelos en busca del consenso, todas las puertas que parecían bien cerradas se abrieron de par en par para los españoles. Hay que recordar que estaban presentes gentes que habían combatido en la guerra en trincheras distintas como fue el caso del monárquico Joaquín  Satrústegui y de Rodolfo Llopis dirigente del PSOE en el exilio.
El régimen franquista calificó dicha reunión de “contubernio de Münich”, es decir, de alianza vituperable o cohabitación ilícita si nos ceñimos a la RAE. Al regreso a España de los participantes del congreso, que no estaban exiliados, se encontraron con la policía franquista  que les esperaba en los aeropuertos y estaciones. Muchos de ellos se vieron obligados a exiliarse como Carmelo Cembrero; otros fueron desterrados a Fuerteventura como Satrústegui y Álvarez de Miranda; y en el mejor de los casos, algunos perdieron sus puestos de trabajo o fueron perseguidos policialmente. Pero hoy, parece indiscutible que ese encuentro cambió el rumbo de la historia de España. En la mente de los que escuchaban y no podían hablar libremente quedaba claro que el cambio era posible. No pudieron derrocar a la dictadura, pero sí es cierto que, de alguna manera, se sentaron las bases de la democracia en España y del europeísmo. Tuvieron que esperar hasta 1977 para que se celebrara en España las primeras elecciones democráticas, pero muchos de los que participaron en el Congreso destacaron como políticos en la época democrática de nuestro país. Para mí ha sido muy llamativo comprobar que, en lo que en España se ha denominado “El contubernio de Münich” de 1962,  ya se hablaba de la necesidad de crear los Estados Unidos de Europa.  Esta opción hoy, 50 años más tarde, sigue siendo la más interesante para los españoles. Como dice la frase de Ortega y Gasset,  “España es el problema y Europa es la solución”   Raquel Lucía Pérez Brito. @errelu Economista, abogada y licenciada en Ciencias Políticas.

miércoles, 6 de junio de 2012

La prima de riesgo y los eurobonos

En los últimos años, las noticias han convertido a la prima de riesgo en un término muy popular en toda Europa. Hasta entonces, pocos eran los que habían oído hablar de ella y menos aún los que conocían qué era y sus posibles consecuencias.
Hoy estamos puntualmente informados de la evolución de la prima de riesgo y escuchamos con interés sus vaivenes. Es cierto que muchos tienen la sensación de que es algo lejano y que no nos afecta directamente e incluso la comparan con la bolsa, con la creencia de que solo tiene interés para los que participan en ella. Sin embargo, sus consecuencias pueden ser devastadoras para todos los ciudadanos de un país en el medio y largo plazo.
También se la conoce como “riesgo país” y, quizás, con este término sea más fácil de intuir la importancia de la misma. La prima de riesgo no es otra cosa que la comparación de un país con otro. En Europa, todas las primas de riesgo de los países de la zona euro se comparan con el país cuya economía se considera la más fuerte de la zona, que evidentemente es Alemania. Por lo tanto, la prima o riesgo país es el sobrecoste que exigen los inversores por comprar los bonos españoles en el mercado secundario a 10 años, en vez de los alemanes, sobre los que no existen dudas en cuanto a su reembolso. Es evidente que, la prima de riesgo refleja el nivel de confianza de los mercados en la economía y las instituciones de un país. La desconfianza en España, con o sin razón, ha provocado que la prima de riesgo esté en límites históricos porque los mercados consideran que existe un riesgo de impago.
La semana pasada, al colocarse la prima en 535 puntos, el comprador de bonos españoles en el mercado secundario decidió asumir un riesgo a cambio de una mayor rentabilidad. Los inversores ganarán un 5,35% más de interés que si hubieran comprado los mismos bonos con el mismo plazo pero en vez de a España a Alemania.
Podríamos pensar que España no debería acceder a pagar un sobreprecio por financiarse, pero es que nuestro país necesita que le sigan prestando el dinero para poder hacer frente a los vencimientos de deudas pasadas o refinanciarlas. Los mercados se han convertido en el banco usurero que pone las condiciones que le interesa en cada momento según criterios incluso lejanos a la objetividad, que juegan en los mercados secundarios. A España no le queda otra que seguir luchando para que la intervención del Banco Central Europeo sea más intensa y por conseguir que los Eurobonos se conviertan en una realidad.
Con los eurobonos, el inversor tendría una misma rentabilidad en toda la zona euro y por lo tanto desaparecería la prima de riesgo ya que el pago de los bonos sería asumido por la zona euro en su conjunto.
Raquel Lucía Pérez Brito.   errelu.blogspot.com
Economista, abogada y licenciada en Ciencias Políticas

Marcos Guimerá Peraza

Este lunes nos ha dejado el ilustre abogado, notario, escritor e historiador Don Marcos Guimerá Peraza a sus 93 años. Don Marcos se ha ido de esta vida dejando un legado de valor incalculable a nuestra sociedad.
Galardonado con la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort, que concede el Ministerio de Justicia. Nombrado Gánigo de honor del Hogar Canario de Madrid. Medalla de Oro de la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife. Premio Teide de Oro, Hijo Predilecto de Santa Cruz de Tenerife, Hijo Adoptivo de Gran Canarias y Medalla de Oro de Tenerife.
Se centró en analizar las figuras políticas más importantes del siglo XIX en las Islas Canarias y en cómo sus acciones influyeron en la historia de nuestra tierra. Entre otros, escribió sobre José Murphy, político tinerfeño que, en 1821, consiguió la capitalidad única de Canarias, origen del llamado Pleito Insular entre Tenerife y Gran Canaria.
Además, Don Marcos Guimerá destacó por ser un buen “Padre de familia”. Se convirtió en el lazo de unión de sus 13 hijos, con sus respectivos yernos y nueras, siendo admirado y respetado por todos. Su amor por su familia es sólo comparable a su amor por Tenerife. No dejó indiferente a nadie de los que tuvimos la suerte de conocerlo.
Hace ya más de 16 años, en su casa del Sauzal, me recibió en su refugio personal, su biblioteca. Mantuvimos una tertulia de lo más interesante, yo me iniciaba en la política y aún era muy joven e impulsiva. Me transmitió que un buen político tenía que conocer el origen de sus raíces personales y de su pueblo. Aconsejándome que estudiara a mis antepasados, lo hice aprovechando el breve tiempo que estuve en el Congreso de los Diputados, durante el cual, entre otras cosas, leí las intervenciones que nuestros dirigentes hicieron durante la Segunda República. Cuando nos despedimos me regaló su libro: “Los Puertos Francos en el siglo XIX”. Tras su lectura y después de varios años de trabajo, la Autoridad Portuaria y Sofitesa consiguieron que el Ministerio de Economía y Hacienda aprobara en Tenerife la Primera Zona Franca abierta de España.
Gracias a sus libros entendí que la actividad política era, no sólo necesaria, sino la mejor oportunidad que se le puede brindar a un ser humano para poder mejorar la calidad de vida de todos, y como el uso de la palabra adecuada puede convencer a tus adversarios políticos desde la concordia y el respeto mutuo, para poder llegar a acuerdos en beneficio de todos.
Se puede decir que Don Marcos Guimerá ha enriquecido nuestro acervo cultural e histórico, pero también las relaciones humanas de los que le rodeaban. Por ello, me siento personalmente agradecida y estoy segura que la inmensa mayoría de los canarios que le  conocieron también lo están. DEP.
Economía, abogada y licenciada en Ciencias Políticas
@errelu.blogspot.com


martes, 15 de mayo de 2012

Los contagios europeos

En Europa, la prensa económica, se centra en las noticias de la delicada situación de la zona euro y en sus posibles contagios. Como ya he comentado en algunos artículos anteriores, todos los países de la eurozona están expuestos, aunque en estos momentos solo veamos en peligro a nuestro propio país. El Reino Unido considera en riesgo la estabilidad de su sistema financiero, según un informe del Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra, y aconseja a sus bancos que retengan beneficios para poder afrontar los problemas que puedan surgir con la crisis de Europa.
Esta vez, la preocupación no se queda exclusivamente en Europa, sino que se ha extendido a Estados Unidos y Asia. Por ejemplo, Barack Obama advierte de que la crisis de la zona euro puede pasar factura al resto del mundo. Los informes económicos que se manejan, consideran que el problema de la eurozona no es Grecia. Según sus analistas, Europa podría asumir, sin duda alguna, las pérdidas que provocaría la quiebra del país heleno o su salida del euro. Sin embargo, consideran que el verdadero peligro del sistema financiero europeo se encuentra en los contagios que pueda ocasionar. Los americanos ven como una amenaza real a España, si se contagia de Grecia. España arrastraría a Alemania, Francia, Reino Unido e Italia y una vez llegados a este punto, comenzarían los problemas para el resto de la economía mundial.
Con este escenario, los problemas de uno serían en breve los problemas de todos. El primer reto que hay que superar es el de Grecia y su gobierno. En paralelo, hay que fortalecer la economía española y alejar las dudas que actualmente se centran en el sistema bancario español. En segundo lugar, hay que buscar los mecanismos que impidan que Europa se vuelva a encontrar en una situación como la actual en el futuro.
Se está viviendo un momento histórico en la Unión Europea en la lucha por su supervivencia. El Parlamento heleno necesita nombrar a un presidente, tecnócrata o no. El Gobierno español está haciendo las reformas necesarias. La prima de riesgo, en estos días, ha subido en idénticas proporciones tanto en España, Italia como en Francia. Por lo tanto, podríamos entender que no se trata de un ataque hacia nuestro país, sino un problema de toda Europa. España necesita que la confianza de los mercados deje un margen temporal que permita que las reformas aprobadas comiencen a dar sus frutos sin continuos sobresaltos.
En Europa ya no se discute que, las alertas tempranas de los desequilibrios macroeconómicos y el control de las políticas fiscales de cada país de la zona euro, sean necesarias para mantener la propia Unión Europea. No será un camino fácil, pero no hay otro mejor. Hay que dirigir todos los esfuerzos hacia la unión política y fiscal de Europa y la creación de los Estados Unidos de Europa.

miércoles, 18 de abril de 2012

Primero unión fiscal, después bonos europeos


En medio de las tensiones que se viven en la eurozona, ha quedado muy claro que el sistema empleado para el control de las políticas económicas de los países miembros ha fallado. La dialéctica de vigilancia, las recomendaciones y las posibles sanciones no han sido suficientes para controlar  las políticas económicas y fiscales de cada uno de los Estados  de la zona euro.
Actualmente existe una política en Europa lo suficientemente fuerte como para impedir que un país entre o salga de la Unión Europea cuando quiera, sin embargo es demasiado débil para controlar las actuaciones económicas que cada país puede realizar poniendo en peligro la estabilidad de los demás.
Ya no son objeto de preocupaciones únicamente Grecia, Irlanda o Portugal. Ahora también se encuentran en el ojo del huracán España e Italia. Se ha escrito largo y tendido sobre las consecuencias que tendría para Europa y la economía mundial que estas dos naciones terminen siendo rescatadas.  Y una de las conclusiones más extendidas es que,  si esto llegara a suceder, la propia Unión Europea tendría más opciones de desaparecer que de poder asumir ambos rescates.
No quedan muchos más caminos que escoger y quizás se está esperando demasiado para andarlo. Ha llegado el momento de una unión fiscal europea. Si se está de acuerdo en que los Estados de la eurozona podrían aceptar una pérdida parcial de su soberanía en política fiscal, se tendría que crear un nuevo órgano independiente que represente a Europa. Estaríamos ante un “ente comunitario” que sea capaz de dejar sin efecto las políticas nacionales cuando entren en conflicto con los intereses generales de la zona euro. Sería algo similar a una “Secretaría Económica permanente de la Unión Europea”. Es evidente que las reglas del juego tendrían que estar bien definidas desde el principio y que se debería tener claro qué actuaciones pueden influir o no en posibles desequilibrios macroeconómicos de la eurozona para considerarlos fuera o dentro del ámbito de actuación de cada Nación. A nadie se le escapa que, con esta posibilidad, la soberanía de los estados miembros queda mermada y en suspenso hasta que dicho  “ente” determine el nivel de implicación que va a tener cada decisión nacional.
 En mi opinión, primero tendrá que haber una unión fiscal y con ella se podrá reestructurar ordenadamente la deuda periférica. La mejor opción es comenzar a sustituir bonos nacionales por bonos europeos. Alemania ha estado en contra de esta opción en todo momento, ya que  consideraba que los errores en la política económica de un estado de la eurozona provocaban que los contribuyentes del resto de los estados miembros tuvieran que pagar sus deudas. Sin embargo, las circunstancias han cambiado y los países más afectados por esta crisis ya han iniciado un profundo y necesario proceso de reformas estructurales y por ello Europa está más preparada para aceptar una unión fiscal y también sus eurobonos. Con ellos se hablaría de una única prima de riesgo, la europea, y el tipo de interés que se pagaría sería también uniforme en toda la zona euro.
Las decisiones que se esperan de las autoridades europeas son económicas, principalmente, pero llevan implícita una solución política. Europa debe lanzar un mensaje inequívoco, que permita inyectar confianza en los mercados, dirigiéndose hacia la unión fiscal que permita comenzar con los eurobonos y terminar convertida en los “Estados Unidos de Europa”.

martes, 17 de abril de 2012

La energía y el modelo económico

Las oscilaciones del precio del barril de petróleo han llegado a ser tan abrumadoras a la alza y a la baja que es ya hora que los gobiernos de los países importadoras de petróleo tomen las medidas oportunas para depender menos del crudo. Sería interesante abrir un espacio de reflexión sobre posibles coordenadas temporales y medidas a adoptar para poder mitigar los efectos en la economía y nuestra forma de vida de dichas importaciones.
Si nos centramos en el actual panorama energético de España, existe una importante tensión en el sector, es cierto que ya estaba latente y que la crisis económica los ha avivado. Nos referimos, en concreto, al déficit tarifario y al ajuste en la retribución de las energías fotovoltaicas. La crisis ha golpeado y golpea con tanta fuerza que todos compartimos que nada va a ser como era cuando se estabilice la situación. Las estructuras económicas y sociales deben cambiar radicalmente en las próximas décadas. Las economías del futuro tendrán que estar basadas en el desarrollo del potencial de los recursos y capacidades propias y todo ello ajustando el consumo de lo que somos y  tenemos.
La política energética tiene que convertirse en una consecuencia de un modelo económico determinado. España no puede seguir importando el 80% de los recursos energéticos primarios principalmente de combustibles fósiles generando un déficit energético que supera al 3% del PIB de este país. Es necesario y urgente un nuevo planteamiento en la política energética, que compagine, por un lado, una estrategia de innovación, de ahorro y eficiencia energética (tanto  en el sector residencial como en el sector del transporte) y, por otro lado, cambiar los comportamientos sociales e individuales de los ciudadanos.
La Unión Europea plantea tres ejes principales que se deben seguir en las políticas energéticas de cada país: la Sostenibilidad, la Seguridad de Abastecimiento y la Competitividad marcándose como meta el año 2020 para alcanzar una independencia energética de dos tercios de la demanda de la electricidad.
Las energías renovables, la acumulación de la energía y la eficiencia energética son la oportunidad de desarrollo tecnológico más importante en este contexto. La Administración tiene la obligación de impulsar la cooperación entre las empresas y los centros de investigación tecnológicos, con recursos económicos y con medidas que favorezcan la integración y la coordinación de las universidades y de los centros tecnológicos que trabajan con la energía.
Hay que tener claro los criterios económicos y sociales que deseamos para el futuro, con ello definir la demanda que existirá, la eficiencia energética, el grado de independencia energética y sus efectos económicos. Las energías renovables y la nuclear son las únicas opciones actuales en España. Seguir dependiendo del precio del crudo o del cambio dólar euro, indefinidamente, no es el camino.
El futuro de la sociedad del bienestar dependerá del uso que le demos a los recursos energéticos que seamos capaces de generar dentro de nuestras fronteras.